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Comité de SolidaridadÓscar Romero |
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Padre nuestro del pobre y del marginado |
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Tu nombre es santificado en aquel que muere |
Oh... Oh... Oh... |
| Tu reino es de libertad, de fraternidad, paz y
comunión; Maldita toda violencia que devora al hombre con la represión. |
Perdónanos cuando por miedo quedamos callados |
| Oh... Oh... Oh... | Protégenos de la maldad, de los prepotentes y los asesinos; Dios padre revolucionario, hermano del pobre, Dios del oprimido. |
| Hágase tu voluntad, eres el verdadero Dios libertador. No vamos a seguir las doctrinas amañadas por el poder opresor. |
D. Tiburcio, catequista capturado por el ejército en 1,983 y preso por ocho meses en los que fue torturado, maltratado, interrogado y al fin, pudo escapar vivo. (Extractos de su testimonio de los primeros días de capturado).
... Me capturaron cuando había ido a buscar comida para la familia. Me agarraron por atrás, eran soldados. Me llevaron al destacamento. Allí me interrogaron; pero yo no sabía nada! (...)
Pero no me dejaron libre. Me ataron una cuerda al cuello y me subieron a un árbol; no sé como sucedió todo, al fin me vi en el suelo. Después de esto otra vez las preguntas (...) Me amarraron las manos atrás, y de las manos a la cabeza me tensaron todo el cuerpo amarrándome también los pies, todo a la vez... Y con tizones me quemaron la cara, el pecho, los testículos. (Tiburcio muestra en su vientre y costillas aún las señas de tortura).
Y con un trozo de palo, y tronco grande, me pegaron fuerte en la cara, fue cuando me quebraron varios dientes y me rompieron las muelas. (Y Tiburcio muestra cómo tiene su dentadura, sin dientes). Me dejaron sin conocimiento, sin saber donde estaba. Eso debió ser a eso de las 10 de la mañana y ya como a las 5 de la tarde empecé de nuevo a recordar...
Siempre seguía amarrado con lazos; y se vino la gran lluvia, y bajo la lluvia seguí amarrado toda la noche
(...) A la mañana apareció un helicóptero..., venían por mí. Me trasladaron a Nebaj.
(...) Antes que el helicóptero tocara tierra, me tiraron al suelo desde una cierta altura, tal vez como a unos diez metros... Caí donde un batallón de soldados.
(...) Me dejaron allí metido, en un cuarto horrible. Todo el piso de aquel estaba lleno de sangre coagulada; pero como de días. Se caminaba como en una especie de esponja, como de alfombra que se había hecho por la sangre... Había un tubo por allí de cañería, me esposaron y me amarraron al tubo; me quedé como sentado en la pura sangre... ¡Saber de cuántas personas! Había un gran olor, duro de aguantar...
(...) Llegó un militar y me puso en el cuello un cuchillo, mero debajo de la nuez, en el cuello y poquito a poco iba presionando sobre mi garganta con el puñal... Sentía que ya me clavaba en la garganta el puñal... no podía resistir; fue entonces cuando les dije: ¡Mátenme de una vez! Pero no me torturen cada poco...! Ya no podía hablar, ya no podía respirar de tanto golpe.
(...) No me dieron nada de comer, sólo me permitían beber agua; ¡Ni un pedazo de tortilla durante esos 12 días que habían pasado desde que me agarraron!
He aquí a mi siervo (Is. 42, 1-4 y 6-7)
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Yo quiero recordar aquí a nuestros queridos hermanos (Mons. Romero)
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Carta de S. Pablo a los Corintios
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HOY COMIENZA UNA NUEVA ERA
LAS ARMAS SE CONVIERTEN EN PODADERAS
DE LAS ARMAS NACEN ARADOS
Y LOS OPRIMIDOS SON LIBERADOS