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Comité de SolidaridadÓscar Romero |
Dichosos los agentes de paz,
Porque ellos serán llamados hijos de Dios
Nacimos entre la naturaleza, en medio de los árboles, la montaña y el río... el gran río Atrato y los afluentes de su parte baja, los ríos Salaquí, Quiparadó, Truandó, Domingodó, Jiguamiandó y Curbaradó, que son lo más bello... Nacimos en nuestro Chocó, el departamento que nos ha brindado unas tierras inmensamente ricas y el cariño y la variedad de sus gentes
(Comunidades de Paz S. Francisco de Asís, Nuestra Señora
del Carmen y Natividad de María).
Un día me escapé durante el día. Había dejado todas mis armas atrás. Estaba haciendo centinela y me huí. Me cogieron después de una hora. Los milicianos me reconocieron, incluso con la ropa de civil que me había puesto. Lloré cuando me cogieron. Les rogué que me dejaran ir. Me amarraron con una cadena de metal. No podía mover mis brazos. No me dejaron hablar en el consejo de guerra. Afortunadamente votaron por no matarme. En cambio me hicieron cavar veinte metros de trinchera, me mandaron veinte veces por la leña, y me amarraron a un palo por dos semanas. Me tocó hablar al frente de todos explicándoles por qué había tratado de desertar, por qué había hecho ese error.
La realidad de la vida de un combatiente es profundamente aterradora pero, una vez incorporado a filas, no puede salir voluntariamente. Por el contrario, sabe que el precio de intentar desertar puede ser su vida.
En América Latina hay una situación de injusticia, una violencia institucionalizada... Dondequiera que hay una potencia que oprime a los débiles y no les deja vivir justamente sus derechos, su dignidad humana... allí hay situación de injusticia. Si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, los pueblos que viven en subdesarrollo son una provocación continua de violencia. Y es natural, hermanos, que en una violencia institucionalizada, que sea ya un modo de vivir, no se quiera ver las maneras de cambiarla, y que haya brotes de violencia. No puede haber paz. Si de verdad hay deseo de paz y se conoce que la justicia es la raíz de la paz, todos aquellos que pueden cambiar esta situación de violencia están obligados a cambiar.
(Monseñor Romero)
Queremos permanecer en nuestros lugares de origen y mantener la vida dentro de un estado de respeto, justicia y libertad. Soñamos con poder desarrollarnos social, económica, cultural y políticamente, fortaleciendo cada vez más nuestros lazos comunitarios. Tenemos la esperanza de retornar a nuestras costumbres, a nuestros trabajos, a nuestra producción agrícola. Anhelamos morir laborando en nuestra tierra, pues la vida del campo es la que sabemos vivir.
Soñamos con alcanzar una cultura de paz y solidaridad total.
Nosotros, las Comunidades de Paz de Riosucio y Carmen del Darién, estamos conscientes de que el cumplimiento del proceso depende de nuestro comportamiento que básicamente se concreta en una serie de normas con las que estamos profundamente comprometidos.
Señor, escucha mi oración;
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco, escúchame enseguida.Levántate y ten misericordia de Sión,
Que ya es hora y tiempo de misericordia.Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor:
Que el Señor nos ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra.
para escuchar los gemidos de los cautivos,
y librar a los condenados a muerte,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalem;
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes, para dar culto al Señor.