Curso

ÉTICA DEL DESARROLLO

Emilio Martínez Navarro

 

El curso se planteó desde el principio como una introducción a las cuestiones básicas de la Ética del Desarrollo para un público no especializado. Por ello se hizo más necesario que nunca partir de una aclaración de los términos que normalmente aparecen ligados a la reflexión ética desde el punto de vista de las ciencias sociales y de la Filosofía. Antes de entrar de lleno en el análisis del modelo de desarrollo que se ha venido imponiendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los participantes abordamos conceptos como los de "pluralismo moral", "objetividad axiológica", "éticas religiosas y éticas laicas", "valores de una ética cívica", etc.

Tras despejar algunos de los principales malentendidos que planean en torno a estas cuestiones, el coordinador expuso las líneas maestras de su propia propuesta de una Ética del Desarrollo. Dicha propuesta se recoge en el libro que lleva por título Ética para el desarrollo de los pueblos, publicado en Madrid por la editorial Trotta en el año 2000. En dicha propuesta se entronca con la obra de los pioneros de la Ética del Desarrollo, como Lebret y Goulet, para ofrecer posteriormente un enfoque actualizado y sistemático de esta disciplina que la presenta como una de las hoy llamadas "éticas aplicadas". Estas éticas han aparecido en los últimos treinta años siguiendo el ejemplo de la pujante Bioética o Ética médica. Esta última es una disciplina surgida de una fuerte colaboración entre científicos y humanistas con objeto de dar respuestas de orientación humanizadora a los nuevos y profundos desafíos que se han planteado en la investigación clínica y en las nuevas prácticas sanitarias. Con la Bioética como modelo de referencia, han surgido otras éticas aplicadas en diferentes ámbitos de la vida social: la empresa, los medios de comunicación, las profesiones, la administración pública, etc. Cada una de esas éticas aplicadas se está construyendo con la colaboración entre diversos actores y afectados del ámbito en cuestión, tratando de señalar unos principios orientadores de la acción humana que permitan afrontar los dilemas más acuciantes que tenemos planteados.

Conforme al enfoque escogido, la noción de "éticas aplicadas" remite a su vez a la noción de una "hermenéutica crítica de las actividades sociales" como base idónea para fundamentar cada una de las éticas aplicadas, incluida la Ética del Desarrollo. Tal hermenéutica crítica es un proceso abierto de descubrimiento de los diversos elementos éticos que hacen posible el correcto funcionamiento de cada uno de los ámbitos de acción. A lo largo de las sesiones del curso pudimos analizar los principales elementos que inciden en las tareas de desarrollo, tanto si tales tareas son llevadas a cabo por instituciones públicas, como instituciones privadas, entre las cuales hay que distinguir las que tienen ánimo de lucro y las que no lo tienen. Cada caso es parcialmente diferente, pero todos ellos tienen también aspectos comunes. Sobre todo si se pretende un verdadero desarrollo, y no un simple crecimiento.

Nos habíamos propuesto revisar críticamente la noción de "desarrollo" que se usa habitualmente en distintos ámbitos de la Economía, de la Política y de las organizaciones cívicas (discurso de las llamadas ONGDs: Organizaciones no gubernamentales de desarrollo), y sin duda este objetivo se cumplió a satisfacción de la mayor parte de los participantes. La revisión del reciente concepto de "Desarrollo Humano" quedó conectada con las explicaciones referentes a la obra del economista y filósofo Amartya Sen, premio Nóbel de economía de 1998 y destacado promotor de un nuevo enfoque del desarrollo basado en las capacidades, frente a los enfoques tradicionales, basados en los ingresos.

El enfoque adoptado en este curso aprovecha las sugerencias de Sen, pero las refiere a cuatro grandes grupos de necesidades humanas básicas: económicas, de seguridad, de libertad y de identidad. La reflexión ética sobre tales necesidades básicas nos permite, en este enfoque, señalar los llamados bienes internos que corresponde lograr a las tareas de desarrollo conforme a los distintos niveles en los que se mueven: individual, social, mundial y ecológico. De este modo se abordaron cuestiones como los derechos y libertades básicos, la equidad compleja como valor central orientador de las tareas de desarrollo en el interior de una sociedad y el desarrollo sostenible como meta indispensable de un modelo de desarrollo que quiera estar a la altura de humanidad que reclaman los tiempos.

El hilo conductor de la hermenéutica crítica condujo también a señalar algunas de las principales actitudes éticas que hacen posible la consecución de los bienes internos anteriormente citados, pero sobre todo permitió comprender el método que puede seguirse para transitar desde los principios-marco a las actitudes y los medios que habitualmente se precisan para realizar los bienes internos en las tareas de desarrollo. En el caso de los medios, fue muy bien acogida como esclarecedora la distinción entre las necesidades y los deseos, así como la idea de que hay múltiples satisfactores distintos para una misma necesidad. De ese modo vimos claro que el desarrollo equitativo y sostenible no puede ser alcanzado atendiendo los deseos, que normalmente son ilimitados, sino a las necesidades, que siempre son limitadas. Y como los recursos son limitados y escasos, sobre todo teniendo en cuenta los límites ecológicos, hemos de adoptar los satisfactores adecuados, es decir, aquellos que permitan cubrir las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer las posibilidades de supervivencia digna de las generaciones futuras.

Como dificultades principales para la aplicación generalizada de estos valores del desarrollo humano equitativo y sostenible se apuntaron varios problemas. Por un lado, el sistema de hiperconsumo del Norte rico está derrochando recursos, empobreciendo cada día más a los países del Sur y devastando la naturaleza. Las actitudes individualistas y consumistas amenazan con barrer toda posibilidad de avance hacia un modelo de desarrollo más solidario, justo y equilibrado. Por otro lado, aunque lentamente se van realizando algunos Derechos Humanos en muchos lugares del planeta, el modelo de globalización imperante está resultando nefasto para millones de personas en todo el mundo, con las conocidas consecuencias del hambre, la opresión y la miseria que padecen tres cuartas partes de la humanidad. Frente a estas realidades no vale aquella nefasta "fórmula del bote salvavidas" que pretende abandonar a su suerte a los necesitados con la excusa de que, si se les ayuda, todos acabaremos naufragando. Por el contrario, en este curso se puso de manifiesto que no hay razones serias para creer en maltusianismos, ni para mantener posiciones a la defensiva. Porque si bien la cantidad de población y las tasas de natalidad son un factor a tener en cuenta en los modelos de desarrollo, se ha demostrado que otros factores como el uso de las tecnologías inadecuadas y la falta de compromiso con el reciclado de materias primas son factores mucho más determinantes de la grave situación actual.

Se destacó el protagonismo de las mujeres en el desarrollo humano equitativo y sostenible, conforme a los testimonios bien contrastados de autores que llevan muchos años estudiando la relación entre la educación de la mujer y el desarrollo integral de los pueblos.

También se destacó el importante papel que desempeñan las organizaciones cívicas que trabajan por el desarrollo desde una visión crítica de las injustas relaciones internacionales y desde un compromiso decidido en la defensa de los derechos humanos. No se encontró que tenga que haber una oposición necesaria entre culturas autóctonas y derechos humanos, pero sí que se dan situaciones en las que algunos rasgos culturales tradicionales se están poniendo como excusa para negar a las personas el acceso a los recursos sociales y a las oportunidades de desarrollo personal y grupal.

En síntesis esta introducción a la Ética del desarrollo nos ha proporcionado a todos una oportunidad para compartir reflexiones y argumentos que pueden servir para orientar la vida de las personas y de las instituciones. Quienes todavía creemos que el desarrollo personal y colectivo, incluyendo el respeto y cuidado por la naturaleza, son metas que tienen pleno sentido, hemos podido compartir en este curso algunas herramientas conceptuales y algunas experiencias personales que nos ayudan a encarar mejor el compromiso transformador de la realidad que nos rodea. En líneas generales, el curso cumplió los objetivos que nos habíamos propuesto.