Seminario Permanente

ECONOMÍA, ÉTICA Y TEOLOGÍA (III)

(Resumen realizado por: Rosario Olmos Serrano - José Cervantes Gabarrón)

 

 

El Seminario permanente del Foro "Ignacio Ellacuría" ha proseguido su trabajo de investigación sobre la temática "Economía, Ética y Teología" iniciada en los años anteriores. Todas las sesiones del seminario estuvieron dedicadas al estudio, análisis y crítica de obras recientemente publicadas sobre esta materia.

 

Mercado, Ética y Economía (Primera Sesión)

En la reunión celebrada el día 21 de Octubre contamos con la presencia entre nosotros de Félix Ovejero Lucas. Toda ella estuvo dedicada a la discusión sobre las cuestiones más relevantes de su libro Mercado, Ética y Economía (Barcelona: ICARIA/FUHEM 1994).

El libro aborda los fundamentos morales del mercado (y, en menor grado, de la democracia). Esto supone: 1. Que el mercado requiere fundamentación moral, pues no es algo natural, inevitable o necesario; 2. La fundamentación y la crítica de los fundamentos presuponen la necesidad de explorar las razones morales del mercado; 3. En la teoría moral hay dos procedimientos básicos de fundamentación, uno deontológico (evaluación desde principios) y otro consecuencialista (evaluación por las consecuencias); 4. Las vías de fundamentación no deben confundirse con los marcos morales empíricos en los que el mercado se desarrolla, ya se trate de las normas que hacen posible su funcionamiento o que éste propicia en su reproducción; 5. Las defensas deontológicas ven en el mercado la forma de organización económica que mejor realiza instituciones (democracia) o principios morales (de libertad y soberanía) que se juzgan indiscutibles. Lo importante no son los resultados, sino las reglas y procedimientos; 6. Respecto a las argumentaciones consecuencialistas, tanto las defensas como la críticas se pueden referir a consecuencias individuales externas o internas, así como sociales externas o internas. La economía se centra sobre todo en los argumentos sociales internos. 7. Esto puede explicarse por la preferencia de los economistas por los procedimientos axiomáticos-deductivos (lo que no esté en las premisas no estará en las conclusiones) y por la simpatía hacia la ética utilitarista. 8. El matrimonio entre consecuencialismo y economía conlleva un riesgo y una virtud. El riesgo es la confusión entre los planos lógico y moral, la virtud la pulcritud analítica que impone ese matrimonio. 9. Apelar a las consecuencias no quiere decir omitir los valores. El carácter encubierto de los valores hace que, erradamente, muchas justificaciones consecuencialistas se perciban como juicios empíricos. 10. Las fundamentaciones absolutas pretenden que el mercado sea moralmente indiscutible, bien porque es lo mejor desde cualquier criterio de valoración, bien porque es el único escenario posible.

El modo de organización de la vida colectiva no sería susceptible de valoración, pues, sencillamente, no podría ser de modo diferente. La dispar valoración del mercado ha sido durante mucho tiempo la dimensión fundamental en la que se definían las fuerzas políticas. Si esa dimensión se esfuma, aquellas identidades desaparecen. Hoy izquierdas y derechas parecen estar de acuerdo en que se debe dejar al mercado la organización de la vida «técnica» y limitar las discrepancias a los «valores», a la «política». Parecen suponer que nos encontramos con áreas excluyentes, que, de una parte, está la eficiencia y el mercado y, de otra, los valores y el romanticismo. En uno y otro caso se presupone que los valores morales son «exteriores» al mercado. La diferencia estaría en que la izquierda dirá que, mientras el mercado sea eficiente, es neutral y que sólo cuando el mercado no funciona, deben aparecer los valores. La derecha dirá que el mercado es eficiente por definición, y sólo cuando se mezclan los valores surge la ineficiencia. Las dos tesis están injustificadas y, en cierto modo, contra las dos va este libro.

Felix Ovejero indicó brevemente cuál había sido el propósito fundamental de su libro. Él pretendía tratar del mercado, discutir sobre su neutralidad ética y dar la vuelta, en clave crítica, a las líneas argumentales de la economía convencional. La imagen de mercado que ofrece la Teoría Económica no se parece en nada a la idea de mercado que generalmente solemos tener. Por ejemplo, la idea común que tenemos sobre los procesos de oferta y demanda no se dan en el mercado real. Así, si no hay mercado real que tenga las características que preconizan los teóricos, los argumentos de defensa basados en los mismos no nos sirven. Por otro lado le interesaban también los modelos de comportamiento de las gentes (dispositivos emocionales y de racionalidad práctica) dentro del sistema de mercado. Se planteó la importancia de diseñar algún tipo de modelo institucional que incentivara aquellos comportamientos deseables y penalizara aquellos que no lo fuesen.

La discusión y las cuestiones que surgieron a continuación giraron en torno a tres grandes temas:

1. Antropología del mercado.

2. Instituciones políticas democráticas y mercado.

3. Metodología de la ciencia. Status teórico sobre el mercado.

1. El mercado capitalista configura a los seres humanos. El presupuesto teórico de que hay que ser egoísta para participar en el mercado ha tenido éxito pues el mercado ha troquelado al hombre para que sea así (violencia antropológica). Por otro lado, parece que necesita de unos presupuestos éticos para reproducirse (por ejemplo, la confianza, el respeto de los pactos, etc.), pero al mismo tiempo los está destruyendo. El capitalismo genera unos mecanismos que hacen imposible las buenas disposiciones éticas de las que, por otra parte, necesita para funcionar. Aunque el autor es partidario de crear estructuras que favorezcan las actitudes altruistas y se penalicen las egoístas, en su libro se puede leer lo siguiente: es ingenuo y peligroso confiar un proyecto político al altruismo de muchos durante mucho tiempo. ¿Tenemos que aceptar que, en el fondo, el hombre es un ser egoísta y que no se puede crear una sociedad que no esté basada en los intereses? ¿No hay una contradicción en pretender derrotar la reducción del ser humano a un mero sujeto de intereses sólo a través del interés? ¿De dónde vienen las disposiciones altruistas del ser humano? ¿Cómo se defienden ante la colonización del mercado?

Parece que socialmente el sistema capitalista no tiene alternativas. La gente no necesita de argumentos porque ve o siente que no hay perspectivas de crear alternativas válidas. Así la ideología se vuelve superflua. El mercado capitalista se presenta como realidad inexorable y, por lo tanto, no necesitada de justificación. Sin embargo, la moral cumple una función legitimadora, de justificación. Si se apela a la moral se presupone que algo necesita de justificación y puede tener una alternativa. Pero en la conciencia cotidiana de los sujetos sociales el mercado capitalista ha adquirido el carácter de totalidad irremplazable.

2. No hay posibilidad de que proyectos políticos de izquierda tengan éxito si la cultura que impera es de derechas. Con todas estas premisas nos preguntamos, ¿cómo crear un horizonte cultural de izquierdas cuando la izquierda está perdiendo relevancia social? Surge así el tema de la identidad de la izquierda frente a la eficacia política y la relevancia social. La vía de justificación del socialismo tiene que ser la equidad, pues no hay suficiente para satisfacer a todos en el modelo capitalista. Pero esto es difícil de compaginar con los intereses actuales de los individuos.¿Cómo se pueden crear proyectos políticos que van contra los intereses de los que tienen que apoyar esos mismos proyectos? El planteamiento del egoísmo razonable hace aguas cuando tenemos que actuar pensando no en nosotros mismos sino en los otros. Apelando sólo a los intereses nos metemos en un atolladero del que difícilmente se puede salir. ¿Cómo propiciar una cultura de la solidaridad? ¿No hay otros fundamentos que no sean el del interés? ¿Cómo podemos romper las reglas del juego para que las cosas cambien? Hay que ser conscientes de que las motivaciones de interés nos colocan en una determinada senda, pero no nos garantizan que podamos permanecer en ella.

En el modelo marxista tradicional se pensaba que la clave está en desatar las necesidades y hacerlas coincidir con el proyecto de la sociedad de futuro. El sistema capitalista no puede satisfacer las necesidades que él mismo genera. Pero la crisis ecológica ha producido un escenario en el que el mencionado modelo ya no puede aplicarse sin poner en peligro la supervivencia del planeta. Tenemos que ponernos a favor de un futuro posible para todos aun a sabiendas de que esto puede ir en contra de nuestros intereses actuales. Cuestiones como ¿qué va a pasar con nuestros hijos si agotamos los recursos? ¿Qué pasa con la pobreza en el Tercer Mundo? son cuestiones difíciles que tenemos que abordar con urgencia.

La atomización social que genera el mercado crea comportamientos egoístas, por lo que quizás el cambio de comportamientos tenga que venir —piensa F. Ovejero— de parte de las normas, de las instituciones. Creando nuevos escenarios puede que se creen nuevas sensibilidades y, por tanto, deberíamos reclamarlos. Desde luego los más desfavorecidos, los que están peor no van a ser el caldo de cultivo para que esto cambie, pues es evidente que no están en condiciones. Surge así el tema de la participación democrática, fundamental para decidir acuerdos que nos afectan a todos. Por ejemplo, se podrían establecer propuestas que se convirtieran en un referéndum si/no. ¿Qué pasaría si se propusiese el salario universal? Sin duda que esta medida transformaría aspectos sociales como las relaciones entre padres e hijos, las relaciones entre la pareja y, sobre todo, las relaciones laborales. Habría incluso la posibilidad de que los individuos revisasen sus preferencias. Se ha podido comprobar que determinadas decisiones pueden crear cambios normativos. Con todo, el tema del salario universal tiene algunos puntos discutibles: puede que con unos mínimos económicos garantizados se genere falta de estímulo en las personas, o, por el contrario, que la gente no se conforme con esto pudiendo ganar mucho más y se vuelva de nuevo a las reglas del sistema de mercado. Por no mencionar que el conseguir el salario universal no es tarea fácil si no hay una cierta cultura creada que lo apoye.

Por otro lado, algunos desconfían de que los cambios tengan que venir de las instituciones. Se reconoce que cambios institucionales podrían fomentar determinados cambios sociales, que tendrían la ventaja de tener consecuencias más generales y que podrían aunar distintas posiciones e ideologías, pero estos cambios no vienen del cielo. ¿Qué partido político se atrevería por ejemplo a aumentar la cuantía de las pensiones y de las rentas mínimas? ¿Cómo podría cumplir su promesa? Sin embargo, nos encontramos con tradiciones que generan un potencial de rebelión muy importante debido a una experiencia acumulada de explotación. Los protagonistas de estas tradiciones (negros, gitanos, mujeres...) tienen una palabra importante que decir. Hay que saber sacar este potencial y darle voz a todas estas personas para que desde aquí se potencie una nueva cultura. Cualquier grupo que esté interesado en la transformación social tiene que apelar y contar con este potencial. Se puede fomentar la participación social desde instancias no oficiales, a través de movimientos alternativos que en muchos casos vemos que han sido capaces de conseguir cambios importantes en cuestiones que nos afectan a todos, han generado nuevas normativas y solucionado, a través de los parlamentos, problemas muy concretos. Una ventaja importante que tienen estos movimientos es que no juegan en el mercado electoral. Quizás se pueda confiar más en la generación de valores y actitudes a través de estos movimientos alternativos que a través de las instituciones, aunque todos sabemos que los procesos son muchos más lentos, costosos, pero también más sinceros. A pesar de las deficiencias del sistema democrático actual, podemos decir que la participación social, aunque sea en pequeños contextos, puede desarrollar con su acción importantes transformaciones (movimiento de objeción de conciencia).

Frente a esto se puede decir que estos grupos pueden surgir porque hay unas condiciones mínimas garantizadas. Si no las hubiere, estos grupos acabarían atomizados al igual que la sociedad. La ley es la que garantiza y asegura la libertad de la gente. Todos tenemos que asegurar colectivamente la libertad y los derechos de todos. Otro aspecto a tener en cuenta es el planteamiento de que los movimientos sociales no podrían tener éxito si dentro del sistema capitalista no hubiese algo que empezase ya a hacer aguas, un punto que lo hiciese vulnerable. ¿Se podrían dar procesos endógenos que hiciesen caer al sistema capitalista?

F. Ovejero piensa que no es fácil que existan contradicciones internas tan importantes que puedan provocar cambios. A lo largo del tiempo no se han visto grandes crisis en el sistema —sobre todo en el centro— que nos hagan pensar que no se va a seguir en esta línea. Las condiciones tendrían que venir más bien desde el exterior (límites ecológicos). El capitalismo ha demostrado una gran capacidad de absorción. Tiene capacidad de generar procesos que ni siquiera sabe a dónde nos van a llevar (por ejemplo: no se podían prever las implicaciones que Internet está generando en las relaciones). Sin embargo hay problemas derivados o inmanentes al sistema que necesitan de una reflexión seria y exigen medidas urgentes y globales de solución, por ejemplo... ¿tiene el mercado capitalista la posibilidad de integrar el crecimiento demográfico que se está dando sobre todo en la periferia? ¿Qué ocurre con el tema del petróleo, de la contaminación ecológica, etc.? El límite puede venir por ahí.

 

Desarrollo y Libertad (Segunda Sesión)

En la reunión celebrada el día 18 de Noviembre, Emilio Martínez nos presentó el libro de Amartya Sen, Desarrollo y Libertad (Barcelona: Planeta 2000). Los puntos que sirvieron de base para el debate posterior fueron los siguentes:

1. En contra de lo que el premio Nobel de Economía nos tiene acostumbrados, esta obra está escrita en un lenguaje bastante asequible. Intenta explicar a un público no especializado que lo que él entiende por desarrollo no es tanto un aumento de la renta o de la riqueza, sino una progresiva ampliación de las capacidades humanas que permita a las personas gozar de la libertad suficiente para llevar a cabo aquellos proyectos de vida que valoran. Su visión de desarrollo es un tanto "original" en cuanto que, al entenderlo como libertad o como aumento de las capacidades humanas, se aleja de la perspectiva convencional de los teóricos de la economía.

Aunque a nosotros estas ideas —como que la riqueza es un medio y no un fin (Aristóteles), o que la economía tiene que preocuparse de aspectos educativos o sanitarios— nos puedan parecer un tanto de "sentido común", hay que reconocer que no es lo habitual en el pensamiento de los economistas. Sen justifica, por tanto, que la Economía se puede y debe interesar por la educación, por el trato igualitario a las mujeres, por las libertades democráticas, por las hambrunas de los pueblos, por la sanidad, por la falta de empleo, etc... ("capital humano").

2. La antropología que subyace en la teoría de Sen es la que entiende a la persona como un "agente" que puede desarrollar y potenciar unas determinadas capacidades. Eso sí, para ello debe disponer de los procesos que permitan y estimulen su protagonismo, y de las oportunidades necesarias y reales para poder participar en estos procesos.

3. Sen distingue cinco componentes esenciales de la libertad: a) Las libertades políticas (posibilidad de elegir entre distintas opciones políticas); b) Los servicios económicos (acceso y disponibilidad por parte de las personas a los recursos económicos); c) Las oportunidades sociales (se trata de potenciar expresamente el sistema educativo, la sanidad, los servicios sociales); d) Las garantías de transparencia (claridad en la información); e) La seguridad protectora (medidas de protección sobre todo a los grupos más vulnerables).

4. La propuesta que Sen hace para la realización de una teoría de la justicia —basada en las capacidades del ser humano— es más global que las que proponen otras teorías, que según él sólo piensan en aspectos parciales. El utilitarismo, por ejemplo, no tiene en cuenta las discapacidades; el libertarismo no tiene en cuenta la asimetría que existe entre las personas que comercian; y la teoría rawlsiana da importancia a la libertad individual y a los recursos pero no hace ningún énfasis en las capacidades. Considera, pues, que estas teorías no tienen en cuenta todos los aspectos necesarios para alcanzar una teoría de la justicia o la equidad.

5. La pobreza y la desigualdad no tienen que ver sólo con cuestiones de renta, sino con otras variables también muy importantes: falta de salud, de educación, paro, etc... Hay países que primero se preocuparon de la eficiencia del sistema sanitario y del educativo y después esto les sirvió de base para el desarrollo económico. Por tanto no es cierto que primero tengamos que mirar por la economía y después preocuparse del desarrollo de estas otras variables. ¿Por qué los afroamericanos no han llegado, por ejemplo, a los mismos niveles de desarrollo que los chinos que tienen menos recursos?

6. Sen no considera que los mercados sean malos en sí mismos, sino que son instituciones de las que no podemos prescindir. Lo que sí tiene pleno sentido es controlar que los mercados funcionen bien (monopolios, transparencias, información clara y no manipulada, etc...), que favorezcan las reglas limpias y justas del juego. Si todo encaja bien, el mercado puede favorecer un desarrollo real hacia la realización de las capacidades y las libertades.

7. Una cuestión importante es la relacionada con las libertades y los valores autóctonos de cada país o comunidad. En todas las sociedades hay que decidir y definir las necesidades básicas, teniendo en cuenta el momento, el lugar, la cultura, etc.... No es cierto que los valores orientales sean más autoritarios que los occidentales. En Europa nos encontramos de todo a pesar de considerarnos más liberales.

8. Las mujeres juegan un papel muy importante en los procesos de desarrollo, de tal forma que su bienestar y su educación puede tener importantes consecuencias y puede resolver muchos problemas, entre otros el de la reducción de la tasa de fecundidad. Sen opina, sin embargo, que se ha exagerado mucho el problema demográfico. Considera que es un problema, pero no el más grave y desde luego no se puede solucionar con medidas impositivas como se está haciendo en algunos países. La clave está en ampliar la libertad y las oportunidades de las mujeres para que puedan desarrollar sus capacidades.

9. ¿Se puede planificar racionalmente un proceso de desarrollo social? Arrow dice que la ciencia económica no puede tomar decisiones de este tipo, a lo que Sen contesta que, teniendo una buena información, se pueden hacer valoraciones sociales y tomar decisiones a este respecto. Otra opinión es la de las consecuencias inintencionadas en la toma de decisiones, a lo que Sen responde que inintencionadas e impredecibles no son lo mismo.

10. Por último se dice que el capitalismo es el único sistema posible a juzgar por el egoísmo del ser humano. Pero parece que el capitalismo necesita más que egoísmo, necesita también confianza, afabilidad, etc.; además, no se puede considerar el egoísmo como la única motivación del ser humano. Finalmente, no puede haber desarrollo sin libertades individuales, y éstas no se pueden dar sin un compromiso social y colectivo.

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En el debate surgió una división de opiniones. Por un lado sorprende de forma agradable el análisis que el autor hace del concepto de desarrollo (¡cómo no estar de acuerdo con él!). Aunque parezca que estas ideas no están muy difundidas, es un hecho que actualmente dichas ideas sirven de base para cualquier estudio serio que se haga sobre el tema. La ONU y el PNUD, por ejemplo, ya han recogido estos planteamientos y es posible que se puedan ir aplicando aunque sea de una forma modesta. Esto ya es esperanzador. Siempre es de agradecer a un premio nobel de economía que haga una apuesta ética en un contexto de neoliberalismo salvaje, aunque a nosotros nos puedan parecer planteamientos de sentido común.

Pero, por otro lado, en el análisis que hace el autor se encuentran varios puntos que suscitan la crítica. En primer lugar, el autor emplea en sus planteamientos conceptos de modo polisémico y esto encubre demasiadas cosas que ocurren en la realidad. Podemos crear un mundo conceptual para teorizar, pero el problema está cuando lo contrastamos con lo que está pasando. Está bien que se diga que desarrollo es libertad y al mismo tiempo que se diga que libertad es desarrollo, pero todos sabemos que en el sistema económico en que nos movemos desarrollo significa crecimiento económico. ¿De qué libertad estamos hablando? ¿Por qué un economista no dice, por ejemplo, que nuestras capacidades como agentes comerciales no pueden ser las mismas desde el momento en que el mercado capitalista destruye la competitividad y crea monopolios? Se echa en falta un cierto espíritu crítico, pues todas estas contradicciones no son tematizadas.

En segundo lugar, Sen emplea argumentos débiles en la cuestión histórica. Dice que la libertad favorece el desarrollo pero esto no ocurre necesariamente así. En España, en la época de la dictadura, hubo un despegue económico con los planes de desarrollo. Ahora, sin embargo, que parece que gozamos de mayor libertad, nos encontramos con modos de esclavitud encubierta mucho más sutiles, por ejemplo: ¿de qué tipo de libertad goza la persona que no tiene qué comer y que tiene que aceptar cualquier contrato de trabajo? Parece que hay distintas concepciones de libertad. En cualquier caso la idea de libertad que presenta Sen tiene su valor, pues la define como la capacidad que tiene cualquier persona para llevar a cabo el tipo de vida que ha elegido para sí mismo.

Otra cuestión que se plantea es qué tipo de mercado defiende Sen. Parece que la fórmula que defiende el autor es la de un capitalismo moderado (neokeynesianismo) con control por parte del Estado. Pero no nos es ajeno el proceso de debilitamiento de los gobiernos estatales frente a la capacidad de decisión de los poderes económicos, de las grandes multinacionales. ¿Pueden realmente los Estados controlar el mercado? Conforme el poder económico debilita al poder político, menos posibilidades tiene éste de ejercer un control; es la pescadilla que se muerde la cola.

Ya hemos visto en anteriores debates que el mercado está devorando las instituciones sociales que garantizan unos mínimos en cuestión de libertades; hemos visto también que el mercado es el que genera las desigualdades y las diferencias entre los seres humanos, y no sólo esto, sino que las mantiene y las hace naturales. ¿Cómo es posible entonces defender este tipo de mercado?

Un tema importante que no podemos obviar es el tema ecológico. Sen no entra de lleno en esta cuestión sino que lo plantea más bien como un problema de debate político que tendría unas consecuencias económicas. Esto parece insuficiente, pues cualquier análisis que se haga sobre desarrollo no puede pasar por alto el problema del deterioro ecológico grave al que nuestro modelo de crecimiento económico nos está llevando. Es evidente que la aportación de soluciones a los problemas medioambientales pasa necesariamente por un orden económico más justo y equitativo, y para ello tendríamos que reformar todo nuestro sistema de producción y de consumo. Se trataría de reformular el sistema económico actual y los mecanismos que lo sustentan.

Sin embargo, a pesar de que la situación se presenta bastante negativa, encontramos determinados planteamientos que pueden ser la base de algunas iniciativas válidas a tener en cuenta:

Existen formas diferentes de organizar la economía y que son propuestas alternativas al capitalismo neoliberal, por ejemplo la Democracia Económica que propone Schweickart, y que ya desarrollamos en anteriores sesiones (véase Foro Ignacio Ellacuría Informe 3, año 2000, pp. 42-47). Se puede, por tanto, crear y reforzar iniciativas, tanto a nivel local como estatal, que potencien el desarrollo en el sentido que presenta Sen.

Plantearse la necesidad de crear organismos políticos a nivel mundial con poder suficiente como para gestionar políticas económicas que favorezcan sobre todo a los excluidos del sistema. Esta responsabilidad recae sobre todo en manos de los países más ricos, que son los que tienen el control de la economía.

Hacer ver la necesidad de repensar y profundizar en la democracia desde una línea participativa. Sen dice que una pieza clave del puzzle, junto con el Estado y las multinacionales, son los ciudadanos. Es necesario que los ciudadanos se sientan responsables de los problemas comunes de nuestra sociedad. Si los individuos no van más allá de sus intereses personales, la sociedad no nos va a facilitar las bases que hacen posible las libertades individuales.

El hecho de que un economista sostenga que el que no tiene qué comer no sólo es un pobre (que necesita de la limosna de los demás) sino que es un esclavo (que necesita de una liberación) tiene ya muchas implicaciones. Una premisa fundamental a toda teoría de la justicia es la libertad, de aquí que sea muy importante decir que el problema de las libertades es también un asunto de Derechos Humanos, que son de justicia.

Nos hallamos, a pesar de todo, ante unos planteamientos y unos problemas de difícil solución y con unos márgenes de actuación bastante estrechos. Pero la decepcionante realidad no nos puede dejar paralizados. Afortunadamente, todavía podemos creer que la realidad no es definitiva; somos conscientes de nuestra responsabilidad en la construcción de esta realidad, y para ello tenemos que reflexionar, analizar dónde y cómo podemos intervenir, incluso pensar por qué a pesar de todos los esfuerzos la situación cambia tan poco. El conocimiento nos compromete.

 

Economía Social (Tercera Sesión)

La reunión se celebró el día 16 de diciembre y giró en torno al tema: "Economía Social". Todos los miembros del seminario permanente tenían un dossier con los resúmenes realizados por Ramón Gil, María José Lucerga y Rosario Olmos sobre los siguientes artículos:

Todo este material, junto con las exposiciones de Ramón Gil y Diego José García, sirvió de base para el posterior debate. También participó en esta reunión José Villegas, miembro de Intermón y responsable de la campaña Adiós a las armas, el cual intervino al final de la sesión para presentar el tema innovador de los «Productos Financieros Éticos y Solidarios».

El modelo tradicional de economía mixta era hasta hace unos años el que intentaba resolver los principales problemas de la sociedad de la época. Pero nos encontramos en un nuevo contexto social en donde surgen multitud de iniciativas de organización económica, situadas entre el sector público y el privado y que nacen para dar una solución satisfactoria a las necesidades y problemas de colectivos sociales diversos y sobre todo a quienes este sistema ha situado en condiciones de dificultad o exclusión. Es el modelo que conocemos como Tercer Sector. En nuestras sociedades desarrolladas la desigualdad ha avanzado de forma alarmante y se agrava como exclusión. Como dice Joaquín García Roca en su artículo El Tercer Sector: «La exclusión, en los últimos años, se ha convertido en la nueva cuestión social». Esta nueva cuestión social supone plantearse respuestas útiles y eficaces a los problemas de desempleo y de exclusión social, lo que implica buscar nuevas relaciones con el Estado, con el Derecho, con el trabajo. Exige nuevas políticas, nuevos espacios, nuevas responsabilidades, nuevos actores... Nos encontramos con problemas sociales de una gran complejidad, por lo que necesitamos, más que un sistema monolítico (sólo mercado o sólo Estado), formas de organización flexibles, donde converjan todos los sectores hacia un mismo fin (relaciones sinérgicas), aunque esto suponga reconocer importantes tensiones. Parece que es necesario una amplia diversidad de posibles configuraciones (intervención de instituciones públicas, empresas de capital privado, sectores asociativos, mutualistas o cooperativos, etc...) que tengan en cuenta el interés general. Cada sector aportará sus competencias específicas y sus capacidades, a ser posible de una manera interrelacionada, para poder abordar la complejidad de las necesidades sociales.

En relación con este tema surgen algunas intervenciones que llaman la atención sobre la obligación o no por parte del Estado de atender los problemas de exclusión social. Recordamos que algunas asociaciones como Cruz Roja o Cáritas surgieron por las deficiencias de atención por parte del Estado a sectores de la población con problemas o riesgo de exclusión y la urgencia de intervenir para paliar muchas de las necesidades de estos grupos.

En España el Estado del Bienestar, el cual interviene en la economía para mantener el pleno empleo y proveer a los individuos de los servicios sociales que garantizan unos mínimos de vida digna, empieza a montarse tarde y no llega del todo a consolidarse. El Estado, con su falta de eficacia, empieza a desentenderse de algunas cuestiones relacionadas con la protección social y entonces propone otras formas de gestión: privatizar el servicio o dejarlo en manos de asociaciones y ONGs a las cuales subvenciona para llevar a cabo estas labores. Es curioso cómo actualmente el propio Estado fomenta y respalda el voluntariado. ¿No resulta cuando menos sospechoso? Actualmente la atención a los excluidos no es una función que tenga asumida el Estado como competencia suya (como ocurre con la Sanidad o la Educación). La solidaridad con los excluidos parece que es cosa más bien del voluntariado, en donde se dan especiales motivaciones (en muchos casos religiosas) para atender las necesidades de estos grupos. ¿Es éste acaso lugar de trabajo para el funcionariado? El argumento principal que se esgrime es que las Administraciones no disponen de personal suficientemente "concienciado" para atender este tipo de problemas. Un funcionario no es el más adecuado para realizar estos servicios, pues hacen falta unos determinados valores, que no se puede exigir o imponer a un funcionario.

Pero quizás esto sea sólo una buena excusa para que las cosas se queden como están. Algunos opinan que cualquier persona, también un funcionario, puede asumir este tipo de trabajo teniendo no unos niveles de motivación fuera de lo corriente, sino una mínima conciencia ética que se traduzca en ganas de hacer las cosas lo mejor posible. Hay un uso abusivo en todo lo relacionado con el tema del voluntariado, justificado muchas veces con el concepto de participación social. Pero es verdad que la sociedad tiene muchas veces capacidad para poner en marcha proyectos en donde el Estado aún no ha llegado y esta iniciativa social es buena para el bien común. ¡Si tuviésemos que esperar a que llegue el Estado en algunos problemas! Hay temas en donde éste no va a llegar nunca. Por ejemplo, hoy en día los derechos económicos de la exclusión social no están reconocidos oficialmente. ¿Qué posición se puede tomar ante esa situación?

Con todo, cabe preguntarse: ¿Es obligación del Estado atender problemas de exclusión social? La pregunta es tan compleja que exige distinguir muchas cosas. Por ejemplo, unos piensan que aspectos como la educación o la sanidad no pueden ser adjudicados al Tercer Sector, pues ésta es una responsabilidad que tiene el Estado con los ciudadanos. Pero esto no es tan evidente en todos los países, pues en EE.UU., por ejemplo, la sanidad está en manos privadas. Los distintos sistemas o formas de actuar dependen de quienes se encargan de la administración, así como de las peculiaridades sociales, políticas, económicas y culturales de cada país. Nos enfrentamos así a una nueva cuestión social. Habrá que definir cuáles son las obligaciones del Estado, puesto que esto no es algo objetivo que venga ya dado, sino que se pueden tener distintos posicionamientos. Por ejemplo, en España nos encontramos con distintas sensibilidades autonómicas. La Junta de Andalucía lleva veinte años en el mismo patrón del modelo socialista; Castilla-León se sitúa en otra dirección; el País Vasco y Cataluña se posicionan ante los problemas sociales de una manera muy distinta al resto de las comunidades, quizás por el carácter que los define; y la Comunidad Valenciana va a la cabeza en cuestión de "innovaciones" (ha propuesto incluso una policía privada). Esta variedad de sensibilidades dentro del mismo país no se debe perder de vista en un futuro próximo, porque no va a ser lo mismo un excluido en el País Vasco que en Murcia o Andalucía.

A pesar de todo no podemos dejar de preguntarnos: ¿Bajo qué condiciones las asociaciones y los voluntariados están abriendo cauces de reforma o amortiguación del sistema? ¿Se puede hablar de una verdadera transformación de la estructura económica y social? ¿No acaban a veces estas alternativas por reproducir o mantener el sistema al que se intenta superar? En cualquier caso el intento del modelo del Tercer Sector es propiciar una economía que esté más al servicio del hombre y que sea más democrática. Por supuesto tales logros implican muchas cosas, incluso diversas formas de estar presente en lo que se denomina economía social.

Una de las intervenciones en el debate apuntó la necesidad de aclarar conceptos y de ver exactamente qué criterios se tienen en cuenta a la hora de incluir distintos tipos de organización en lo que denominamos Tercer Sector. Para ello, Diego José García nos aclaró algunas cuestiones acerca del cooperativismo y de los principios que lo rigen, pues la economía social aparece históricamente vinculada a las cooperativas y, aunque éstas no son las únicas formas de organización posible dentro del Tercer Sector, sí tienen una gran relevancia. Dos reuniones importantes, la de París (1937) y la de Viena (1966), marcaron los principios y valores que sustentan al cooperativismo. Resumiendo, se puede decir que las cooperativas son organizaciones democráticas en las que las decisiones están en poder de la mayoría de socios y usuarios, de manera que no se permite que los socios inversores o de capital, si existen, sean mayoritarios. La igualdad de derecho de voto, la creación de un patrimonio cooperativo irrepartible, la adhesión abierta y voluntaria, el compromiso con la comunidad, etc... son otros de los rasgos diferenciales de las cooperativas.

Existen otros principios que no se consideran esenciales, como pueden ser la neutralidad política y religiosa, realizar las ventas al contado, introducir normas éticas en la vida económica, etc... Pero hoy en día, con la necesidad de adaptación de las cooperativas al mundo moderno, estos principios que se consideran esenciales no son priorizados de igual manera por todos los países.

El tema es complejo, pues ¿es sincera la referencia a estos principios, o se trata de un discurso que tiende a legitimar cualquier tipo de organización? Hay que reconocer que nos encontramos dentro de la economía del Tercer Sector con un continuum en el que en un extremo están las sociedades de capital participadas, cuyos modos de organización y gestión se aproximan a los ideales cooperativos (S.A.L.), pero que no tienen una finalidad social, y en el otro extremo están las personas que, aunque ejerzan actividades comerciales, se encargan de trabajos de interés general o servicios a la comunidad. Como vemos existe una gran diversidad de posibles iniciativas o experiencias que intentan, al menos, limar las fricciones que se producen en el sistema capitalista o abrir un horizonte alternativo.

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Finalmente José Villegas explicó una de estas iniciativas: los fondos de inversión ética. Los fondos de inversión son productos financieros de inversión colectiva que operan en el mercado financiero tradicional a través de Sociedades Gestoras. El tema de los fondos éticos no se debe confundir con la banca ética o con los fondos solidarios. Por inversión ética se entiende una filosofía de la inversión que combina los objetivos éticos con los financieros. Este tipo de fondos tienen un ideario ético definido, determinado por una Comisión Ética —independiente de la gestora— que se encarga, entre otras cosas, de hacer que se respeten los principios de este ideario. Los criterios para calificar las inversiones son:

Criterios excluyentes o negativos: no se invierten en empresas que, por ejemplo, vulneren los Derechos Humanos, que participen de alguna manera en la industria de armamento, que cometan prácticas graves contra el medio ambiente, o prácticas contrarias a la salud pública, etc...

Criterios valorativos: por ejemplo, inversión en empresas que integren en su plantilla a minusválidos.

Los fondos de inversión éticos surgieron en Europa en 1973, pero es en 1999 cuando empiezan a comercializarse estos fondos en España. No todos los fondos éticos tienen por qué ser solidarios. Se consideran fondos solidarios a la parte de la comisión de gestión que se dona a alguna organización sin ánimo de lucro o a una ONG. Por ejemplo, AB Asesores e Intermón han llegado a un acuerdo de colaboración, por el cual parte de la comisión anual de gestión del Fondo Ético FIM se cederá para los proyectos de desarrollo que lleva a cabo esta organización. Aunque todo este tema todavía es marginal dentro del mundo financiero, se pueden observar claros beneficios:

Estos fondos pueden ser más rentables que los tradicionales, porque tienen en cuenta externalidades que en un rendimiento a corto plazo no se tienen en cuenta en los fondos más tradicionales (factores ecológicos).

Activismo crítico como accionista. Pequeñas posibilidades de participar de alguna manera en la Comisión Ética, que informa a la Gestora de los fondos.

Posibilidad de controlar el destino de los propios ahorros. Si fuesen muchos los que invierten en estos fondos, las empresas se podrían plantear, al menos, el cumplimiento de los principios éticos que se exigen. Esto ya es un paso.

Todo este tema parece interesante, pero no podemos evitar que surjan determinadas cuestiones como ¿Cuál es el alcance real de los fondos éticos? ¿Qué posibilidades e inconvenientes tienen? ¿Qué principios deberíamos exigirles a estos fondos? ¿Es un mero reclamo comercial? ¿La lógica de la acumulación de la que participan los fondos es realmente revolucionaria y transformadora?

Parece que, aunque con estos proyectos se intentan abrir algunas vías más solidarias que las que están al uso, esto no supone ninguna alternativa real al sistema, pues éste sigue igual. Pero cualquier iniciativa que intente establecer y crear una cierta mentalidad o conciencia crítica, que nos lleve a actuar eficazmente en la promoción de la dignidad humana, puede ser válida para ir abriendo caminos.

 

Cooperativismo (Cuarta Sesión)

En la reunión celebrada el día 20 de enero participaron como invitados Juan Antonio Pedreño, presidente de UCOMUR, Enrique Tonda Mena de COPEDECO y Mariano Cano de ENTREPUEBLOS-COSAL que expusieron su experiencia dentro del sistema cooperativo y los fondos de inversión éticos, puesto que todos ellos conocen bien esta forma de organización económica.

Comenzó la sesión Enrique Tonda Mena que nos habló acerca de la cooperativa de desarrollo comunitario en la que trabaja. El origen de esta cooperativa está en la respuesta a una necesidad concreta que surgió en un barrio de Alcantarilla (Murcia): crear una ludoteca para jóvenes de alto riesgo. Para gestionar este proyecto se creó la cooperativa, la cual fue creciendo hasta extender su actuación a otras poblaciones y a otros proyectos. De cinco participantes que tenía en sus inicios ha pasado ya a tener treinta miembros, entre socios y trabajadores. Hay cuatro objetivos que son las notas definitorias de la cooperativa:

1. Generar recursos, sobre todo para la población juvenil e infantil.

2. Familia y exclusión social.

3. Formación de trabajadores y grupos.

4. Generar nuevos productos.

Aunque una cooperativa es una asociación de personas que se han unido de forma voluntaria para satisfacer unas necesidades (económicas, sociales y culturales), en muchos casos las circunstancias exigen plantearse el tema de llegar a ser empresa y de aquí se deriva la necesidad de especialización de las personas que la componen, sobre todo, en gestión empresarial. Si bien los objetivos de este sector de iniciativa social son variados, entre ellos es común el de generar empleo y también generar riqueza, por lo que se ven en la necesidad de profundizar en temas y aspectos de carácter empresarial, aunque esto suponga asumir determinadas contradicciones, puesto que una cooperativa no es una empresa como las demás. Si algo la caracteriza es que toda su actividad tiende al servicio de sus miembros y al desarrollo de la comunidad (servicios de proximidad), asegurando el bienestar social y sobre todo excluyendo el lucro como un fin en sí mismo. Es otra manera de entender el trabajo; es una iniciativa económica distinta a la que se da en el sistema actual de mercado. Esta cooperativa concretamente se mantiene a base de proyectos que hay que ir renovando periódicamente y, aunque esto en sí mismo produce una cierta inestabilidad, es lo que permite estar permanentemente abierto a las necesidades que existen en la comunidad. Conforme se van abriendo los campos de actuación y se conocen otras experiencias, se percibe que el sector de la iniciativa social apenas está regulado. Aparecen en el sector diversas entidades que intentan conseguir los recursos que aporta la Administración o los fondos privados, con la única intención de obtener beneficios para el lucro personal. Esto supone una constante amenaza, puesto que desvirtúa el espíritu de servicio y la persecución del interés general que está en la base del cooperativismo. Para evitar precisamente la entrada en el sector de empresas con objetivos lucrativos, se ha creado la Asociación Empresarial de Iniciativa Social que intenta entre otras cosas mantener los principios del espíritu cooperativista.

La unión de cooperativas de iniciativa social trabaja para poder intercambiar experiencias y proyectos entre cooperativas, incluso para establecer colaboraciones con otras empresas y con otros modelos organizativos, como son las fundaciones o las asociaciones sin ánimo de lucro. Actualmente existe una nueva Ley de Cooperativas en donde se recuerda que es fundamental que los beneficios se reinviertan en el objeto social y también que los sueldos de los trabajadores no deben sobrepasar un límite (150% respecto al convenio del sector).

Por su parte, Juan Antonio Pedreño, como presidente de UCOMUR y socio de una cooperativa de enseñanza, dio algunas pinceladas de cómo funcionan las cooperativas en la región de Murcia y cuál es su situación actual; además ilustró su exposición con numerosos ejemplos que ayudaron a descubrir diversos aspectos del mundo empresarial. Dentro del mundo económico existen algunas entidades que funcionan sin tener que ajustarse a los principios capitalistas. Las cooperativas, que cada vez están cobrando mayor importancia, tienen otra manera de funcionar dentro del mercado. Se trata de empresas de propiedad conjunta y de gestión democrática, en donde se le da mayor importancia al trabajo que al capital, a las personas que a los medios. Estas notas características no suponen, sin embargo, que las cooperativas no puedan buscar la rentabilidad y las máximas ganancias posibles. Esto es deseable, aunque es importante señalar que la forma de repartir estas ganancias no es la misma que la de una empresa capitalista. En una cooperativa hay un esfuerzo permanente por contar con el interés general y por asegurar formas más justas de trabajo. Esta filosofía es la que distingue a las cooperativas de otras formas de organización económica. Las empresas cooperativas en la región de Murcia son una parte muy importante del sector llamado Economía Social. Cerca de 15.000 personas en la región están trabajando en cooperativas, lo que representa aproximadamente el 80% del total de la Economía Social. Pero aunque la aportación de las cooperativas al empleo, a la generación de riqueza colectiva o la aportación de actividad económica en zonas donde no han funcionado otras alternativas, es alta, sus poderes adquisitivos o su rentabilidad son en muchas ocasiones bajos; por eso las oscilaciones del mercado dificultan en muchas ocasiones el desarrollo de estas empresas.

Por ejemplo, el sector textil o las cooperativas de mujeres son las empresas que se enfrentan con los mayores problemas, incluso con situaciones de grave precariedad, debido sobre todo a la explotación y aprovechamiento por parte de otras empresas que funcionan con las reglas del mercado.

Pero lo que también es una realidad es que las cooperativas son un sector en crecimiento, tanto en número como en importancia, dentro del sistema económico. En el año 2000 más de 220 cooperativas han solicitado su inscripción (Murcia es la tercera comunidad en España en cuanto a crecimiento de cooperativas); además el crecimiento del empleo en cooperativas en toda España (donde Murcia es la comunidad con mayor índice de constituciones) ha sido superior al de la población activa en general en estos últimos años. Su aportación al empleo, por tanto, es significativamente mayor que la del resto de empresas. También hay que decir que cuando se habla de estabilidad en el empleo por parte de las cooperativas hay que entenderlo como que en época de crisis se mantienen las condiciones de posibilidad económica entre otras cosas bajando los salarios de los trabajadores, pero no se despide a nadie como sería la medida lógica en una empresa capitalista.

Una de las críticas que más frecuentemente se le hace al sector cooperativo es que este tipo de empresas no funcionan, pero hemos visto con datos estadísticos que esto difícilmente puede ser así. Quizás cuando se habla en estos términos es más por una cuestión de marcado carácter ideológico por parte del mundo capitalista que por una comprobación real de la situación. Hay que decir también que otra crítica mal fundada es la de que las cooperativas sólo funcionan en época de crisis. Esto, en parte, es cierto y además lógico, pues ante una crisis económica se intenta buscar distintos tipos de salidas para satisfacer las necesidades de trabajo. Pero esta crítica no concuerda con la realidad de estos últimos años de "bonanza económica": mientras que el global de empresas descendía en los primeros meses de 2000 en un 5%, el número de empresas cooperativas aumentaba respecto del año anterior en un 100%.

Mariano Cano contó brevemente su experiencia respecto a los fondos éticos de inversión. Nos comunicó que recientemente había asistido al Congreso Internacional de Banca Ética, cuyo objetivo se centró más en aspectos sociales que en aspectos económicos, cosa poco habitual dentro del mundo de las finanzas. Su experiencia concreta está en el campo de los fondos de pensiones éticos (de empleados de notarías). Estos fondos de inversión se distinguen principalmente de los habituales en que los que participan de ellos pueden elegir, de alguna manera, dónde quieren invertir sus ahorros. La idea fundamental es discriminar —por medio de auditorías éticas— a aquellas empresas que realizan actividades no deseadas o que no cumplen con unos determinados valores ecológicos, humanizadores, etc... Esto permite a cada persona, además de cubrir un objetivo económico, ser coherente con una manera de pensar y controlar al menos el destino de sus propios ahorros.

 

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1. Se planteó el nivel de conciencia de los objetivos y fines del cooperativismo en las personas que participan en él. Del coperativismo interesa, sobre todo, lo que tiene de movimiento social, por su responsabilidad con el entorno ecológico, etc... Estás dimensiones, que deberían tener validez universal para todas las empresas, sólo parece que las tienen en cuenta los movimientos cooperativos. Pero ¿se funciona en realidad con estos principios?

En realidad el compromiso real con los principios cooperativos depende todavía mucho de la voluntad individual de los que forman cada cooperativa. La falta de formación o de ideología en las personas que participan de una cooperativa hace que esto sea todavía un reto por conseguir. Se está trabajando en esta línea y ésta es una de las razones por las que se ha creado el Día Mundial del Cooperativismo, para recordar a los cooperativistas que el aspecto social y solidario que define a este tipo de organización económica no se puede olvidar. Hay que ser eficaces como empresas y solidarios con los destinos que los beneficios tienen por Ley y que se deben destinar entre otras cosas a la difusión del cooperativismo, a las relaciones entre cooperativas, a la promoción cultural, a la protección del medio ambiente, a la promoción asistencial del entorno y de la comunidad, etc... En cualquier caso, las cooperativas atraen a gente más bien concienciada en estos temas. Es gente, en general, receptiva y por eso merecen la pena los esfuerzos que se hacen en formación.

 

2. Otra cuestión planteada fue si hay un reconocimiento social y económico de las cooperativas en la región.

El reconocimiento, a estos niveles, todavía no es el deseable, sobre todo en el terreno económico dónde la presión empresarial de la región tiene mucha fuerza. La lucha por los recursos es, en muchos casos, la barrera que impide que las cooperativas entren en la dinámica empresarial. Esta barrera es mayor que la barrera ideológica.

 

3. ¿Qué postura o actitud tiene hoy en día la patronal respecto a las cooperativas?

Si se quiere entrar en la CROEM como empresa tiene que ser aceptando determinadas condiciones. Nosotros queremos estar presente intentando trasladar los principios cooperativos, que nos parecen justos, al resto de las empresas. Esto es prácticamente imposible.

La sesión se quedó corta para escuchar y dialogar con Enrique Tonda, Juan Antonio Pedreño y Mariano Cano. Su convicción es la base de su constancia porque realmente las dificultades y los esfuerzos para sobrevivir son grandes; ellos intentan ser coherentes con una manera de pensar y una forma de vivir realmente alternativos; están dentro del cooperativismo porque de alguna manera necesitan demostrar y demostrarse que las cosas pueden ser distintas y trabajan por ello. Sus apreciaciones y experiencias abrieron distintas perspectivas dentro de la práctica económica, pero sobre todo transmitieron su pasión y entusiasmo por intentar construir una sociedad alternativa, en donde la economía esté al servicio de las personas.

 

Ética empresarial (Quinta Sesión)

En la reunión celebrada el día 17 de Febrero se discutió el tema de la "Ética empresarial". Miguel Ángel Herrero facilitó un resumen del libro de Adela Cortina Orts (dir.): Rentabilidad de la ética para la empresa (Madrid: Fundación Argentaria 1997) y dio algunas pinceladas críticas sobre el tema. José Antonio Zamora también había entregado un resumen de un artículo de José Miguel Rodríguez: "La empresa, ¿institución social o mercancía?" (en: Iglesia Viva 204, p. 9-45).

Comenzó Miguel Ángel Herrero con algunas reflexiones sobre el libro de Adela Cortina. En primer lugar resaltó el aspecto sugerente del título. El hecho de relacionar ética con rentabilidad es, de entrada, un tanto provocativo y para algunos resulta incluso un tanto desconcertante. En resumen el libro viene a decir que las organizaciones son agentes éticos, creadores de modelos culturales y de nuevos valores. Los comportamientos éticos en la empresa son una cuestión no sólo de exigencia moral sino también de inteligencia.

Existen algunas cuestiones que definen al sistema económico actual y que son, en parte, responsables de la reconocida situación de descontrol dentro del mundo empresarial y que, por otro lado, parecen ser también responsables del auge de la ética aplicada a la empresa: el gran poder de las transnacionales, el debilitamiento del poder de la clase obrera, la inestabilidad e inseguridad en el trabajo, el deterioro ecológico, la ineficacia de las leyes para evitar y frenar algunos problemas, etc... han sido razones suficientes para ver en la autorregulación ética del mundo empresarial una de las posibles salidas. Aparece así una ética de "ida y vuelta", en donde se parte de la práctica dentro de la empresa y se hace una reflexión teórica que servirá para iluminar de nuevo esta práctica, optando por una moral de la responsabilidad. Pero ¿por qué suponer que una regulación ética tendría más posibilidades de mejora que la regulación legal? Quizás porque lo peculiar de una norma moral es que no tiene fuerza obligatoria si no ha sido aceptada por la persona, no puede venir impuesta desde fuera. La regulación ética se impone de una forma autónoma, y en virtud de un ideal, mientras que la ley se impone por obligación o sanción.

Desde estos presupuestos es posible repensar la empresa, no como una máquina de hacer beneficios, sino como agente fundamental de cambio social con una determinada responsabilidad moral. Los fines empresariales se plantean desde nuevos presupuestos antropológicos. Cabe aquí preguntarse por qué razones específicas surge la cuestión de la rentabilidad de los comportamientos éticos. Podemos encontrar varias:

Razones de oportunidad coyuntural. Buen momento para plantearse estos objetivos éticos. Si se quiere ampliar mercados habrá que crear nuevos valores culturales.

No se mira ya tanto los beneficios a corto plazo sino a largo plazo, creando así una fidelidad del cliente que es lo que permite mantenerse a la empresa.

Existen nuevas demandas a nivel de consumidores (comercio justo, consumo ecológico, etc...) que la empresa necesita asimilar para adaptarse a estos nuevos tiempos.

Adaptación a la sociedad civil democrática. Es muy importante la imagen que la empresa da y para ello necesita responder con nuevos modelos de gestión: comunicación a distintos niveles, sentido de pertenencia, capacidad de decisión, autonomía, participación, creatividad, etc... Esto crea un clima democrático más gratificante para el trabajador.

Algunas aportaciones que revalorizan en este sentido a la empresa son, por ejemplo, la aplicación de la ética del diálogo o comunicativa (dentro de la empresa y con la sociedad) o la teoría de que la empresa aporta "empleabilidad" (aprendizaje) y no sólo empleo. Estos elementos mejoran la imagen de la empresa ante la sociedad y facilitan las relaciones con el entorno.

Ahora bien, tras esta presentación general del libro de Adela Cortina se quiere llamar la atención sobre algunas cuestiones puntuales que no podemos olvidar en nuestro análisis sobre el tema:

En el libro no se encuentra ninguna alusión a temas concretos como, por ejemplo, el problema de la industrialización del Tercer Mundo (explotación infantil, maximización de beneficios por ventajas fiscales, etc...)

Se ve la relación entre la tendencia hacia la inmaterialización de la producción y el valor añadido de la ética, pero no se tiene en cuenta que la evolución hacia la inmaterialización de los productos muchas veces conlleva un desfondamiento de los valores que se asocian a los productos por medio de la publicidad, etc...

¿Cómo se encaja el tema de la economía financiera?

¿Existe un enmascaramiento del capital?

¿Quién impone la ética? ¿Hay que esperar a la "conversión" de la gente?

El libro no alude para nada al tema de las leyes vinculantes en el orden internacional.

¿Cómo es posible que coexistan y convivan términos como rentabilidad, ética, empresa, negocio...?

Llegados a este punto, surgieron en el debate algunas posturas divergentes. Por un lado nos encontramos con la opinión de que en muchos campos hay un uso un tanto fraudulento de los temas morales, una cierta manipulación del discurso de los valores. Se sospecha que la ética está sirviendo, de alguna manera, para enmascarar determinados aspectos del capitalismo. En toda esta teoría se está utilizando un lenguaje muy ambiguo y bajo términos como responsabilidad, diálogo o autonomía se hacen determinadas cosas que sirven para tener un mayor control o seguir multiplicando los beneficios pero, eso sí, con buena conciencia. Y la moralidad no radica sólo en los procedimientos que se utilizan, sino también en los fines y objetivos que se persiguen. Por ejemplo, una empresa puede tener un modo de organización correcto desde el punto de vista ético y, sin embargo, la actividad que realiza puede ser éticamente reprobable. ¿Dónde se establecen los límites?

No se pueden hacer proclamas éticas que no vayan encaminadas a desenmascarar una determinada situación. La ética tiene una responsabilidad en el desmenuzamiento de la realidad y en muchas ocasiones, tal y como se plantea, parece que contribuye más bien para anular el conflicto, el pluralismo. Al final todo queda en una cuestión estética.

Hay una razonable sospecha de que los dos conceptos de los que estamos hablando, ética y rentabilidad, son difícilmente compatibles. La empresa lo que busca realmente es la rentabilidad máxima y aquí sí que es difícil establecer límites. ¿Desde qué presupuestos se llega a decir que la ética es rentable para la empresa? ¿Se está hablando desde la teoría o desde una práctica comprobada? Se dice que lo más ecológico, lo más humano, es rentable pero ¿se ha comprobado realmente que el actuar en esta línea aporta más beneficios? Lo que se está proclamando ¿tiene una base empírica o se trata de vender la ética como un producto más? Todos sabemos que el valor añadido es una realidad que contribuye en la venta de un determinado producto. Da la impresión de que en muchos casos se está usando la ética como valor añadido no sólo ya del producto, sino de una determinada marca. Lo peligroso de esto es que consigue tranquilizar las conciencias sin que varíe lo sustancial de la actividad mercantil.

Se tiene la sensación de que este discurso ético no toca la base de los verdaderos problemas económicos. Cuando sólo ayuda la ética, tampoco la ética ayuda. La realidad se enmascara de forma peligrosa y no pone en dificultad realmente al orden establecido. Pero por suerte sabemos que existen alternativas que son éticamente relevantes y, aunque son difíciles de implantar, ya se ha comprobado que tienen resultados satisfactorios en eficiencia y equidad. Nos referimos, por ejemplo, al modelo de organización económica de Schweickart (Democracia Económica). Se considera también que cuando hablamos en términos éticos, hay que plantearse algunos puntos fundamentales como pueden ser: la prioridad del trabajo sobre el capital o el tipo de propiedad. En realidad, jurídicamente la empresa pertenece al capital aunque éticamente se hable de que la empresa es de todos. La base jurídica sobre la que se sostiene una empresa es fundamental, puesto que es el marco que protege de una serie de cosas y es importante que este marco jurídico sí tenga un soporte ético.

Por otro lado, se dice que es difícil entrar de lleno en el tema de la ética empresarial sin hacer determinados planteamientos previos: definición de conceptos, claves para hablar de ética, qué aplicabilidad tienen, etc... Existen muchos modelos de empresa y es peligroso denunciar o rechazar determinados planteamientos sin hacer antes algunas aclaraciones conceptuales. Hay que hacer notar que hay una amplia coincidencia en lo referente a valores fundamentales, lo cual nos puede facilitar el rechazo o la aceptación de determinadas prácticas o actividades empresariales. Pero en la realidad los matices son muy variados. Nos encontramos con muchas empresas que no se pueden permitir el lujo de determinados planteamientos. Al igual que la publicidad es un elemento discriminatorio para la competencia, con la ética ocurre lo mismo. Hay pequeñas empresas que se ven muy condicionadas por las reglas y las líneas de actuación de las grandes empresas. En ellas el margen para la ética es muy estrecho por el marco en que se mueven. No se nos puede pasar por alto que los que intentan introducir todas estas propuestas éticas dentro de las organizaciones son un colectivo que comparte ya unos valores determinados (p. ej. que los beneficios son necesarios pero no son los fines de la empresa). En una sociedad desvalorizada, ya es meritorio el acostumbrar a las empresas a que revisen sus comportamientos, sus objetivos, sus modos de organización y ver si son éticamente viables. El hecho de que la ética empiece a entrar como concepto en la empresa es ya muy positivo, aún a riesgo de que en algunos casos entre como un instrumento más para obtener unos determinados objetivos económicos.

Una de las grandes aportaciones de la ética puede ser la de mantener viva la discusión, la actitud dialógica, elementos estos tan necesarios en la sociedad en general y especialmente en el mundo económico. Quizás no sea esto todo lo que se puede hacer para mejorar, pero sí puede suponer un paso más en la construcción de una sociedad más participativa y humana.

 

Crítica religiosa del mercado (Sexta Sesión)

En la reunión celebrada el día 17 de Marzo se abordó el tema de la Crítica religiosa del mercado. El libro de Jung Mo Sung, Deseo, mercado y religión (Santander: Sal Terrae 1999) y la exposición que Juan León Herrero hizo al comienzo de la sesión sirvieron de base para entrar de lleno en el debate.

Juan León Herrero comenzó resaltando algunos puntos fundamentales del libro de Jung Mo Sung. El autor hace una síntesis de lo que subyace en la sociedad actual. No trata de hacer ningún análisis técnico del sistema capitalista, ni presentar posibles alternativas al mismo, sino que se limita más bien a presentar "evidencias" a nivel económico y a nivel de comportamientos sociales. La cuestión principal es que el sistema capitalista está provocando grandes contrastes entre los que más tienen y los más pobres, está creando nuevas situaciones en las cuales el beneficio de unos pocos se construye a base de la exclusión de muchos. La globalización y la pobreza son dos fenómenos que se están desarrollando de forma paralela. Hoy en día, hablar de economía es también hablar de pobreza y esto lleva a la teología (a la Iglesia) a tomar partido, a situarse ante el poder económico de una determinada manera.

El nuevo orden económico tiene un fuerte carácter idolátrico y está regulando todas las relaciones sociales; tiene incluso el poder de configurar los deseos, las actitudes, etc... En definitiva, se está creando una forma moderna de religión en donde se pueden ver reflejados determinados componentes teológicos. Algunos de los mitos teológicos más importantes tienen su versión en el sistema capitalista: se ha transformado la noción de "utopía" al hacer aparecer todo como posible; no se debe caer en la "tentación" de querer corregir los mecanismos del mercado, pues hay que respetar su lógica "providencial"; esta lógica es necesariamente "sacrificial"; fuera del mercado no hay "salvación", etc...

El poder del capitalismo ha hecho que se confundan los conceptos de necesidad y deseo. La estructura de la necesidad es una estructura abierta que permite que ésta se vaya regenerando. Así la frontera entre la necesidad, el deseo y el anhelo es fluida. El hecho de que se traduzcan en necesidades lo que son deseos es la confusión con la que juega el sistema para perpetuarse (lo que antes eran lujos se convierte ahora en necesidades). En última instancia lo que se está creando no es un mundo de seres humanos sino de consumidores, pues de lo que se trata es de consumir para —así nos lo quieren hacer creer— satisfacer las necesidades humanas, cuando de lo que realmente estamos hablando es de deseos y no de necesidades. El sistema económico ha decidido que el hombre sea homo economicus, que se define por su capacidad adquisitiva y por nada más, lo cual nos lleva a un "embrutecimiento burgués" y a un "embrutecimiento del pobre" (falta de esperanza) y esto es lo que está alimentando al sistema.

El sistema capitalista está creando graves situaciones de exclusión, no sólo de personas sino también de grandes grupos. A la vez se está generando una cultura de la insensibilidad que lleva a un vaciamiento del discurso de la solidaridad. Hoy en día parece que lo más que se puede hacer es un asistencialismo caritativo con carácter de emergencia, que en la mayoría de casos es necesario, pero que deja siempre un sabor amargo. Asimismo, la lógica expansionista del mercado lleva a proponer a los países pobres el mismo modelo de desarrollo que tenemos (deseo mimético), lo cual está llevando a estos países a su desestructuración por confundir una vez más lo que significa progreso y desarrollo.

Con la nueva teoría del progreso desaparecen los límites, ya no tiene que haber control de los deseos. Pero además, la frustración de no conseguir todo lo que deseamos no se relaciona para nada con los mecanismos del sistema, sino que se plantea en términos individuales (el sentimiento de culpa es personal). No podemos evitar preguntarnos: ¿Qué subyace a la fuerza del deseo mimético? ¿Por qué esta fuerza no es tan poderosa cuando se trata de llevar este deseo en otra dirección, basado en otros valores? ¿Por qué el sistema puede cambiar tan fácilmente la relación entre necesidad y deseo? ¿Se puede poner límites a las necesidades?

Frente a todo esto nos encontramos con un gran desafío para el cristianismo que consiste en desenmascarar todo este discurso desde la fe. La teología debe reflexionar e intentar poner freno al poder del mercado, a su sacralización, puesto que ser cristiano significa moverse dentro de otra lógica. Además de la reflexión y la crítica, la presencia de la fe debe ofrecer propuestas alternativas de vivir, de relacionarse, ofrecer otros modos de ser feliz. El deseo mimético se ha convertido en un componente antropológico que está generando violencia y un orden de desigualdad, por lo que hay que ir creando modelos que restablezcan los comportamientos de las personas en otro sentido, proponiendo, por ejemplo, el altruismo y la solidaridad en lugar del egoísmo.

Como dice Mo Sung, necesitamos una adecuación del mercado al objetivo de una vida digna y placentera para todos los seres humanos, lo cual exige de los cristianos la opción por los pobres y la crítica desde el compromiso. Nuestra espiritualidad debe desenmascarar la ideología neoliberal que cimienta el actual sistema excluyente, pero también debe contribuir a la formulación de nuevas directrices que deben orientar la creación de nuevas instituciones y técnicas.

No podemos negar que hoy se está agudizando la cuestión de la dignidad humana y esto es algo inevitable y necesario, ya que actualmente se están produciendo unos bloqueos serios al contenido de la solidaridad y del compromiso (Assmann). Por otro lado, toda crítica a la teología implícita que idolatra al mercado nos conduce a una nueva cuestión: la crítica al sistema capitalista desde estos parámetros supone también una autocrítica de la religión. En el fondo se parte de una crítica a esquemas que han convivido con el cristianismo durante siglos, por ejemplo, el de la teología sacrificial (todo sacrificio aparece como lógico y necesario). Cuando entramos en la crítica de lo religioso del sistema, nos vemos obligados también a cuestionarnos nuestra realidad, incluso nuestro propio Dios de una forma nueva. Por ejemplo, el deseo, el anhelo, son conceptos que tienen mucho que ver con la experiencia religiosa. En la pretensión de divinidad que aparece en el Génesis —"ser como dioses"— hay una cierta intuición de intentar romper los límites. Y aunque esta fórmula de anhelo desbocado nos lleva al pecado, también hay que reconocer que esto es el plan de Dios sobre la humanidad. Si nos planteamos cortar de raíz todo anhelo de infinito, la religión no tendría ninguna posibilidad, ni siquiera la cristiana. Aceptar la idea de finitud hace desaparecer toda posibilidad de utopía, de una justicia para todos, incluidos los que han de venir. Y es la utopía, unida a la esperanza, la que nos mueve a intentar cambiar las cosas.

Otro tema es el relacionado con el sistema providencia, que aunque se le ha aplicado durante siglos al cristianismo, parte más bien de la filosofía alemana e inglesa. La idea de que Dios puede resolver todas nuestras necesidades y demandas es una convicción de la cual el cristiano tiene que liberarse. Lo cierto es que la providencia que presenta el AT y el NT es más bien problemática. La lectura de la pasión de Cristo contiene el componente histórico más interpelante respecto a la falta de providencia (el grito final de Cristo: Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Muchas de las interpretaciones teológicas refuerzan este aspecto histórico del sentimiento de abandono, pues difícilmente una comunidad cristiana posterior se habría atrevido a poner estas palabras en boca de Jesús con todo lo ellas que suponen. Por esto, la teología cristiana no debería ser nunca armonizadora y dulcificadora, no debería quitar densidad al sufrimiento. Toda visión armonizadora de la realidad se hace a costa de silenciar el grito de los pobres y excluidos. No se puede ser cristiano y ser cómplice de la injusticia humana.

Y después de esto surge una pregunta inevitable: ¿qué pasa con la resurrección? Aunque no podemos separar la muerte de Jesús de la Resurrección, no podemos olvidar que la Resurrección es una realidad escatológica. Si se resuelve ya, da la sensación de que todo se resuelve desde los vencedores. Hay que aprender a esperar, hay que saber enfrentarse al "todavía no". Creer en la Resurrección significa creer que se abre un horizonte de posibilidad hacia la utopía, es proclamar que todo esfuerzo humano tiene un sentido.

Como señala Mo Sung: nuestra experiencia del misterio de Dios y nuestro deseo de ver resueltos los problemas de nuestros hermanos de forma plena y definitiva, no deben hacernos olvidar que sólo dentro de las limitaciones y posibilidades históricas podemos lograr construir sociedades e instituciones que, a pesar de todas sus ambigüedades y límites, por ser más justas y fraternas, sean signos anticipatorios del Reino definitivo.

 

Reencantamiento del mundo secularizado (Séptima Sesión)

La sesión celebrada el día 28 de Abril estuvo dedicada al tema "El reencantamiento del mundo secularizado". Mª José Lucerga presentó el libro de G. Ritzer: El encanto del mundo desencantado. Revolución en los medios de consumo (Barcelona: Ariel Sociedad Económica, 2000).

Tras una primera apariencia un tanto light el libro aborda cuestiones no exentas de interés. La obra trata del consumo y de su influencia en las relaciones sociales y en la propia identidad de las personas. El autor hace su análisis a través de los medios, a los que también llama "catedrales del consumo", debido a que la forma de estructurarse está hecha para impulsar a la gente a que vaya encantada en "peregrinación" a consumir cada vez más. El consumo hoy invade todo o casi todo. Se están creando nuevas formas de consumo que antes no existían y que ahora están presentes en muchos campos o ámbitos de la vida que tradicionalmente no tenían nada que ver con esto: estadios, universidades, hospitales, iglesias, museos, etc... Tanto el consumo en sí mismo como los medios no son nada nuevo, aunque sí que se han desarrollado y han tomado auge a partir sobre todo de la segunda mitad del siglo XX. Y aunque las razones pueden ser varias: el auge de la economía, el predominio de la economía financiera, la publicidad, las tarjetas de crédito..., para Ritzer el factor más importante que determina en gran medida el funcionamiento de estos medios de consumo es el cambio tecnológico. El alcance de todos estos fenómenos juntos nos han llevado a una sociedad hiperconsumista, exportada sobre todo por el modelo estadounidense, de aquí que el autor prefiera hablar más de "americanización" que de globalización.

Las fuentes teóricas del análisis de Ritzer son: las teorías marxistas, las teorías de Weber y la obra de Baudrillard. Desde aquí, el autor sostiene que ante una sociedad desencantada por un empacho de racionalidad, los nuevos escenarios de consumo ofrecen la posibilidad de volver al encantamiento. Pero sabemos que para que estos medios sean eficaces se tienen que someter a unos procesos de racionalización que necesitan de la eficacia, la predecibilidad, la calculabilidad y el control, y esto los hace excesivamente racionales y por tanto pierden su capacidad de seducción, lo que al final conduce de nuevo al desencanto. Para poder controlar que cada vez se consuma más y más, los medios de consumo utilizan mecanismos de reencantamiento para poder seguir atrayendo a los consumidores: el espectáculo, la simulación, la implosión. Tanto las grandes exhibiciones como las simulaciones se utilizan porque resultan más espectaculares que la propia realidad, lo que las hace más atractivas. Pero cuando hablamos de simulación como algo que no es real o que es falso podemos dificultar el análisis de lo que está ocurriendo. Si aplicamos la simulación a los procesos entonces sí podemos aceptar el término tal y como se entiende, pero si se aplica a los resultados, nos encontramos con que la simulación es tan real como la misma realidad.

Por otro lado vemos que en el sistema consumista han desaparecido los límites o las barreras entre elementos que antes eran diferentes (implosión). Así, las categorías de tiempo y espacio se han diluido; el presente, el pasado y el futuro (el ahorro, la nómina y el crédito) se funden; el hogar se ha convertido ahora en un espacio de consumo (teletiendas, Internet), incluso de producción. La conclusión final del autor es que nuestro futuro está ligado al consumo y que esta realidad no tiene vuelta atrás. Lo único que podemos hacer es intentar buscar un sentido a nuestra vida dentro de este mundo que parece inevitable.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto lo primero que nos preguntamos es: ¿Qué es lo que nos impulsa a consumir de esta manera tan extremada? ¿Qué nos lleva a comprar cosas que realmente no necesitamos para vivir? ¿A qué mecanismos responde todo esto?

Podría ser interesante buscar otras explicaciones no tan "unilaterales" como las que se hacen desde el análisis marxista centrado sobre todo en la producción, que olvida que el consumo está también sujeto a estructuras que sirven para controlar y explotar, tanto como las del trabajo productivo.

Para poder llegar a algunas conclusiones será necesario, pues, utilizar distintos instrumentos teóricos. El tema del deseo mimético (Mo Sung), del encanto o fetichismo de la mercancía y las explicaciones de la psicología nos pueden ayudar, entre otras cosas, en nuestro análisis.

Vivimos en una sociedad que nos está creando constantemente necesidades innecesarias. ¿Cómo distinguir las necesidades de los deseos? Ya vimos en la pasada sesión que ésta es una cuestión difícil, sobre todo porque los anhelos y los deseos están muy relacionados con el tema de la necesidad, porque no existe una línea divisoria clara. Además surge el problema de que en muchos casos se confunde el anhelo con el satisfactor del anhelo, lo cual complica más las cosas. Así, nos encontramos en una sociedad que tiene una avidez y un afán desmesurado por consumir. Se consume cantidad de cosas que realmente no necesitamos e incluso ni deseamos. Y aunque a veces se consume un producto por su valor de uso, frecuentemente lo hacemos por su valor de cambio (prestigio, status, rango social, etc...) Por encima de la satisfacción de las necesidades está el consumo como instrumento de prestigio social. Las cosas no las queremos por sí mismas, sino que las deseamos por todo lo que conllevan, incluso por la "personalidad" que ellas nos confieren.

Esto lo podemos ver reflejado en el tema de la publicidad. Puede que muchas veces consumamos porque tenemos necesidad de ser, y esto nos lo está vendiendo la publicidad constantemente. Ésta se dirige a la belleza, a la emoción, a la seducción..., y no realmente a justificar las cualidades objetivas del producto. Esto llega a todos los sectores, incluso a los más cultos.

La publicidad alcanza sus objetivos consumistas seduciendo de una manera directa o no tanto. Un tema preocupante es que la publicidad se está introduciendo en espacios que no están diseñados específicamente para ello y que se están convirtiendo en medios de consumo. Por ejemplo, cuando vemos una película; quizás no nos percatamos, pero en ella está presente todo un universo de publicidad indirecta que crea un imaginario social mucho más sutil que la publicidad directa. Nos hallamos, pues, en una época en que el afán de poseer es tal que no deja tiempo, no ya para disfrutar de las cosas importantes de la vida, sino ni siquiera para disfrutar de lo poseído. Y en este diálogo surge una cuestión: ¿Tendrá algo que ver esta "invasión de cosas" con la "cosificación" de la persona? ¿Qué valor tiene la persona en nuestra sociedad? El propio sistema de consumo (sistema capitalista) tiende a supeditar el valor de uso a la obtención de beneficio. El objetivo no es la cosa en sí misma, sino la obtención de algún beneficio, y esto afecta también a los seres humanos. También los consumidores se convierten en cosas en la medida en que se convierten en objetos predecibles, calculables. Cada uno tiene que funcionar correctamente dentro del sistema y esto tiene que tener un control. El capitalismo necesita personas que quieran consumir cada vez más, cuyos deseos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Nos encontramos así con una doble tendencia: el mundo de la producción y el mundo del consumo. Ambas tienden a cosificar a la persona. El hombre moderno no tiene conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, y se dedica a consumir, a comprar cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras.

La Teoría Crítica ha dado algunas claves de interpretación de este fenómeno que abarca muchas dimensiones y que nos advierte de unos mecanismos mucho más universales y penetrantes. El sistema revela una forma de dominación cuya finalidad última es la apropiación mercantil completa del individuo: la domesticación de sus anhelos, la reorientación de su atención, la redefinición de su cuerpo, de la percepción de sí mismo y de la realidad, la remodelación de su lenguaje, la reestructuración de su sensibilidad y su valoración. Para W. Benjamin el carácter fantasmagórico de la mercancía asociado a su estética revela otra forma de dominación. No sólo contemplamos las mercancías y sucumbimos a su apariencia fantasmagórica, sino que como muestra la figura del dandy, él mismo se convierte en mercancía y, por tanto, termina atribuyéndose cualidades fantasmagóricas (empatización con la mercancía). Lo que W. Benjamin quiere decir es que a través de la empatización recíproca entre el objeto y el cliente (dandy), ambos se convierten en mercancías. No sólo el trabajador es convertido en mercancía cuando se ve obligado a vender su fuerza de trabajo, sino que también el consumidor se ve envuelto en ese proceso que transforma todo y a todos en mercancía.

Otro punto importante que merece la pena destacar es la función de ocultamiento que tiene el sistema. Se oculta el hecho de que para seguir consumiendo de forma ilimitada se fabrican cosas de escasa duración (aparatos electrónicos que no se pueden arreglar, envases no retornables, productos de usar y tirar, etc...). Todo esto está generando una gran cantidad de basura que no se sabe a dónde va, ni las repercusiones reales que tiene en el medio ambiente. Se oculta también las injusticias sociales y las desigualdades que estos procesos conllevan, las víctimas que está generando (si EE.UU. consume como lo hace es a costa de que otros no lo puedan hacer). También se nos oculta el hecho de que el consumo exagerado siempre nos deja insatisfechos (el índice de suicidios en las sociedades desarrolladas puede reflejar esta insatisfacción). El fenómeno es tan complejo que necesitaría muchos puntos de análisis.

En el tema del consumo nos encontramos con temas ideológicos, morales e incluso religiosos. Podemos observar que hay una cierta tendencia a introducir la racionalidad económica en todos los sectores, también en el religioso. Todo, no sólo las cosas materiales, sino también las espirituales, se convierten en objeto de consumo. Incluso se llega a pensar: religiosamente ¿qué podemos ofrecer? La escenificación y su espectacularidad es lo que vende y el mundo religioso está entrando en esta línea acentuando los aspectos vivenciales y subjetivos: emociones ante signos externos (imágenes), espectáculos religiosos-festivos (romerías, procesiones, etc...). Esto parece que es cada vez más significativo en las prácticas religiosas de los creyentes.

¿Llegará un momento en que el sistema se vea desbordado por la saturación de los individuos? Parece que el sistema no está preparado para dar marcha atrás, sino para crecer más y más. Éste no se agota fácilmente, pues se está regenerando constantemente utilizando recursos que siempre son nuevos, por lo que es difícil que por aquí vengan los límites. De este modo el consumismo nos conduce a un materialismo sin límites, en el que el tener vale más que el ser. Actualmente estamos asistiendo a una explotación absoluta del tener. La dimensión del ser se está perdiendo, puesto que los principios del sistema capitalista son incompatibles con los principios que desarrollan el espíritu humano. Sólo cabe como salida el elegir entre el ser o el tener (E. Fromm), y un primer paso podría ser empezar por desenmascarar todas aquellas manifestaciones que están aniquilando el espíritu del hombre. Pero para que la aclamación de la dimensión del ser se convierta en un fenómeno social general y no en excepciones individuales, nuestra estructura social necesita cambios importantes y radicales. La perspectiva de cambio o es global o será sólo un fenómeno marginal.

Ciertamente nos encontramos con que existen pocas experiencias que no tengan relación con el consumo. Todo, incluso las relaciones humanas parece que están supeditadas a objetivos económicos. Los individuos son motivados para producir más y consumir cada vez más, se presiona para hacernos pensar que si no ganamos el máximo ya estamos perdiendo (esto motiva despidos en las empresas porque los beneficios obtenidos no han llegado a las expectativas que se tenían), los medios se están convirtiendo en fines, el mercado es ya un fin en sí mismo. Ante este panorama, un tanto desolador, queremos pensar que todavía quedan parcelas que no están contaminadas por esta lógica, que también hay colectivos que buscan otras experiencias y que intentan desligarse, en la medida de lo posible, de estas prácticas que siempre dejan insatisfechos.

 

El cristianismo y la economía global (Octava Sesión)

En la reunión celebrada el día 19 de mayo comentamos el libro de Bas de Gaay Fortman y Berma Klein Goldewijk: Dios y las cosas. La economía global desde una perspectiva de civilización. Santander: Sal Terrae 1999 ("Presencia Social"; 26).

José Antonio Zamora destacó las ideas fundamentales del libro con el fin de iniciar el debate. Estamos viviendo tiempos de crisis: pobreza creciente, violencia colectiva, aumento del desempleo, destrucción del medio ambiente, etc... Ante esta situación lo que el libro plantea es: ¿qué papel puede desempeñar el cristianismo en un sistema de globalización dominante? ¿de qué recursos dispone? y ¿se tienen que producir algunos cambios dentro de las comunidades cristianas para afrontar estos retos con "eficacia"?

Se intenta demostrar que el sistema económico está inserto en un marco civilizatorio con una determinada cultura, con un determinado sistema de valores, etc... y esto es relevante en la medida que puede apoyar al sistema o por el contrario puede ser un paliativo de las consecuencias negativas del mismo. El sistema económico capitalista a lo largo de su historia ha generado una serie de mecanismos de control (políticos, jurídicos, culturales...) que se están debilitando de forma progresiva. El Estado está perdiendo poder frente al Mercado, lo que supone un retroceso de la política frente a la economía. El sistema está destruyendo así los mecanismos de control que se requieren para subsistir y no es capaz de generar los resortes morales que él mismo necesita para sostenerse. Ante este panorama, la apuesta es hacer una transformación civilizatoria que consiga... ¿domesticar o transformar el sistema? En el mundo de vida podemos encontrar un mundo de recursos inagotable (Adela Cortina, Habermas, etc...). Según esta opinión lo que habría que hacer es movilizar estos recursos civilizatorios para poder "reformar" o "modificar" de alguna manera el sistema. Pero ¿no están siendo neutralizados estos recursos por el mismo sistema? Ante esta difícil situación se plantea la necesidad de un compromiso global, basado en el ethos global, en procesos de acción colectiva. Un reto para las grandes religiones del mundo (también para la cristiana) sería el de poder llegar a ser religiones globales. Para ello tendrían que asumir, entre otras cosas, las ideas y las preocupaciones del pensamiento ecológico. La dimensión ecológica es esencial en esta nueva religiosidad al tener unas relaciones muy estrechas con los problemas sociales y económicos de nuestro mundo. Pero ¿se está produciendo esta transformación en las grandes religiones? ¿Está afrontando el cristianismo los problemas de una manera global y con conciencia ecológica?

Nos encontramos fundamentalmente con dos orientaciones en este sentido:

Soluciones globales basadas en la ética global. Es la aportación de H. Küng, pero se considera que tiene poca incidencia en la práctica.

Hacia un nuevo compromiso. Interés público, sostenibilidad global, asistencia a futuras generaciones, etc..., son conceptos que nos conducen a un compromiso personal en la realización del bien común.

Todo este panorama acarrea riesgos importantes, pero también puede convertirse en una gran oportunidad para vivir nuestro compromiso de fe. Existen iniciativas como la del Consejo Mundial de las Iglesias que intentan promover nuevos modelos de comportamientos. Pero para que estas iniciativas tengan alguna efectividad es necesario hacer un esfuerzo en descubrir los puntos que nos unen con las distintas religiones y esforzarse también en superar los puntos que separan a los cristianos. Estamos ante una situación histórica que exige el "caminar juntos".

Estas consideraciones plantean nuevos desafíos a todos los niveles. También el cristianismo ha de enfrentarse a este mundo en crisis, por lo que es obligado plantearse si desde aquí se pueden dar respuestas adecuadas a los problemas socioeconómicos actuales. La Iglesia ha elaborado una "Doctrina Social" en donde se formulan de forma acertada unos principios que salen en la defensa de los derechos y las libertades de los más pobres, reclaman reformas en la economía mundial y denuncian los atropellos contra la dignidad humana. Sin embargo, a pesar de estas formulaciones nos preguntamos: ¿Qué está haciendo la Iglesia realmente ante estos nuevos desafíos? ¿Cuál es la respuesta cristiana a este desorden mundial? Es imprescindible tener una actitud prudente y crítica. Quizás surgen estas cuestiones porque hay razones para pensar que la doctrina social de la Iglesia tiene un límite. Éste puede venir por la incapacidad para aplicar estos principios a su organización interna, por sus manifestaciones en cuestiones de moral sexual o por ofrecer en muchos casos un testimonio poco coherente. Vemos que la vida práctica de los cristianos muchas veces contradice y niega lo que creen y profesan. ¿Hasta qué punto los cristianos viven mínimamente los principios que aparecen en la doctrina social de la iglesia? Lo que confesamos ¿cómo lo practicamos? ¿Cómo se compaginan las distintas ideas de evangelización con la realidad de los excluidos del sistema? Dentro de la Iglesia católica existen diferencias a la hora de definir la fe y esto tiene consecuencias fundamentales en la forma de evangelización. Por ejemplo, la Teología de la Liberación entiende que las creencias son inseparables de un compromiso en el mundo; que la política (entendida en un sentido amplio) no es un paso secundario de nuestra fe, sino que forma parte del núcleo esencial de ésta. En este sentido la verificación de la fe no está tanto en la pertenencia, en el signo, sino en la actuación en la vida, en la expresión, en el compromiso, pues la praxis social es lo que realiza la fe. La teología es teopraxis. De aquí que sea preciso "inventar" una conducta cristiana válida para el tiempo que nos ha tocado vivir y expresar en ella todas las exigencias de nuestra fe.

Por otro lado nos encontramos con otro modo de entender las cosas, que presupone que la fe tiene que ver más con una experiencia místico-religiosa que con una forma de estar en el mundo. Esto influye mucho en los planteamientos prácticos de los cristianos. En este sentido lo ideal sería poder llegar a una síntesis entre una espiritualidad auténtica y una responsabilidad real frente al mundo. La crisis de la Iglesia actual no está tanto en el dogma o en las creencias sino que hay más bien una crisis de sensibilidad, de testimonio, de signos visibles que de las llamadas verdades dogmáticas.

Quizás éste sea un punto crucial para entender la crisis de fe actual. Una tarea fundamental dentro de las comunidades cristianas sería el redescubrimiento de la labor profética en el mundo donde vivimos. Hace falta no sólo una nueva evangelización sino una reprofetización del cristianismo y sobre todo desde las instancias más institucionales, pues parece que son éstas las que en muchos casos están obstaculizando el anuncio eclesial. La Iglesia necesita que surjan personas capaces de dar la cara con su palabra delante de otros. Los cristianos —y los representantes oficiales más que nadie— no pueden contentarse con hablar o teorizar, sino que han de ofrecer prácticamente la salvación y esto se hace en la vida diaria. Una Iglesia sin obras históricas de justicia no puede ofrecer credibilidad.

No es difícil compartir estas exigencias y actitudes fundamentales, lo difícil es llevarlas a la práctica. Hay una crisis de transmisión, pero no sólo de fe, sino también de valores, de cultura, etc... Esto ocurre en todas las instituciones y parcelas sociales. Nos encontramos ante un eclipse de la Iglesia, de partidos políticos, de luchas, de moral; de aquí que sea necesaria hoy más que nunca una labor de crítica, de denuncia, también de proposiciones éticas y culturales, de criterios, de objetivos, etc... La privatización de la religión ha supuesto la neutralización de la misma. Para una gran mayoría el ser creyente no supone nada, no exige ningún esfuerzo, lo normal es que no suponga ningún tipo de implicación en la vida. La cuestión religiosa simplemente está ahí, sin fuerza ni relevancia social. Es el estilo de nuestros días. El contenido de la fe sigue siendo el mismo, pero sí han cambiado los creyentes. Para el creyente de ahora, la fe no crea exigencias, ni obligaciones. Hay una falta de significado vital de la fe, con lo cual el cristianismo beligerante con la injusticia se encuentra en una situación crítica. Los grupos de cristianos más comprometidos están en una situación de gran debilidad.

También existe una gran dificultad a la hora de llegar a las nuevas generaciones con un discurso de compromiso radical. ¿Vamos hacia una religión de grupos minoritarios con poca "eficacia" pública? Es cierto que podemos correr el peligro de que los cristianos comprometidos queden sólo reducidos a grupos minoritarios (¿sectarios?). Pero también es cierto que estos pequeños grupos dejan oír su voz profética y aunque viven en muchos casos en una marginalidad activa lo hacen con convicción y coherencia, aportando un testimonio sincero. A pesar de todos los problemas y de todas las dificultades no nos podemos abandonar a la desesperanza. Podemos, sin embargo, pensar que tenemos ante nosotros una época de desafíos y oportunidades que nos compromete con un nuevo proyecto de sociedad. La esperanza cristiana nos ayuda a seguir luchando por la construcción de este mundo alternativo. Y como dijo José Cervantes en la última intervención de la sesión: «Es tarea primordial de la Iglesia interpretar y actualizar esa palabra en cada situación histórica, afrontando los problemas sociales, políticos y religiosos de cada momento, con la fuerza del Espíritu y con el criterio fundamental de fidelidad a Jesucristo, a su causa y su mensaje y con el talante de apertura universal, de resistencia frente a la injusticia y de esperanza creativa que, como el Apocalipsis, lejos de alejarnos de la tierra, nos permite imaginarla de nuevo sin estructuras opresoras en un mundo de fraternidad, de igualdad y de amor» (José Cervantes Gabarrón: "Una religión sin templo" en La Verdad del 20/05/01).