Conferencia-Seminario
El Invierno pasado fue especialmente duro para las personas que no tienen más hogar que la calle. Sí, esas que en ocasiones nos cruzamos mirándolas por el rabillo del ojo intentando no encontrarnos con ellas y no enfrentarnos con nuestra propia contradicción de sentir visible, palpable y tolerable una injusticia de tal magnitud. Tres personas "sin techo" murieron en la capital murciana y otras muchas, podríamos afirmar que más de un centenar, tuvieron (siguen teniendo) que soportar la verdadera concreción de la política del "sálvese quien pueda", en este bonito mundo de solidaridad virtual en el que vivimos. Para conocer y analizar la realidad de este colectivo, el de las personas "sin techo" o "sin hogar", el Foro Ignacio Ellacuría y la Asociación contra la Exclusión Social/Plataforma de la mendicidad de Murcia organizaron una conferencia y un seminario con una invitada bien conocedora de estas personas: Esperanza Linares, responsable del programa de atención a las personas "sin techo" de Cáritas Española. Intentaremos hacer un resumen de lo más destacable de ambas actividades.
LA CONFERENCIA
La noche del 24 de marzo, Esperanza Linares nos introdujo en el mundo de los "sin techo" y del colectivo de mayor exclusión social y personal.
¿Quiénes son las personas "sin hogar"? Tendemos a identificar con esa definición a ese hombre y a esa mujer que vemos en la calle, durmiendo en un banco o tendiéndonos la mano en cualquier esquina, pero no son sólo ellos quienes forman parte de este colectivo. De acuerdo con las definiciones europeas se considera "sin techo" a todas aquellas personas que:
a) No tienen acceso a una vivienda personal, permanente y adecuada; o sea, que aquí entrarían:
- Quienes viven en la calle, en edificios abandonados, parques,...
- Quienes están alojados en albergues, instituciones, centros de acogida, ...
- Los que viven en chabolas, cuevas, infraviviendas, o en condiciones de hacinamiento.
- Los alojados temporalmente, y de manera forzosa, en casa de amigos o familiares, en viviendas alquiladas...
b) Las personas que son incapaces de conservarla por razones económicas: desahucios, embargos, etc.
c) Quienes no pueden conservarla porque son incapaces de llevar una vida independiente y necesitan de cuidados y ayuda, pero no el ingreso en una institución: personas con graves dificultades físicas, psíquicas, etc.
Las personas que encontramos en la calle suelen formar parte del primer grupo y, con frecuencia, del tercero. Son, sin duda, los más pobres y excluidos, pero son sólo la punta de un iceberg, cuya profundidad y dimensiones se nos escapan casi siempre. Las acciones que se llevan a cabo con las personas "sin techo" van fundamentalmente dirigidas a este primer colectivo, olvidando dar pasos y establecer servicios para personas situadas en los demás grupos (gitanos, inmigrantes, animación comunitaria, etc.), no son frecuentes las acciones para la defensa de la vivienda enmarcadas en un plan global de actuación.
Sin olvidar la magnitud de este colectivo en su totalidad, la conferencia se centra en abordar la realidad de las personas situadas en ese primer grupo: quienes viven en la calle, edificios abandonados, parques, etc.
¿ Cuantas personas están en esta situación? Es difícil establecer una cantidad exacta de la situación. Según el informe del Observatorio Europeo de los Sin Techo de 1996, éstos son los datos:
EN EUROPA:
- 1.800.000 personas dependen, en algún momento del año, de los servicios de los "sin techo".
- 2.700.000 personas viven alternando entre albergues, habitaciones alquiladas y casas de familiares o amigos.
- 1.600.000 personas sufren procedimientos de desahucio y 400.000 acaban en la calle.
- 15.000.000 viven mal alojadas, en viviendas de calidad ínfima o en situaciones de hacinamiento.
EN ESPAÑA:
- 48.000 chabolas.
- 387.000 viviendas insalubres.
- 460.000 viviendas con superficie inadecuada.
- 37.000 viviendas en estado ruinoso.
- Faltan 1.000.000 de viviendas para las nuevas demandas (jóvenes que necesitan independizarse), mientras que hay 1.300.000 viviendas vacías y otras tantas de residencias secundarias.
- 273.000 personas viven en la calle, en albergues, en chabolas, en cuevas...
- 1.560.000 personas viven forzadamente con sus familias, a veces en situación de hacinamiento, o sin condiciones básicas de habitabilidad por no poder repararlas.
Esta "fotografía" de datos desvela la gran contradicción que se produce en la Unión Europea, pues si bien existen 18 millones de personas carentes de un bien básico también hay recursos suficientes para todos. En algunos países más avanzados se han establecido medidas paliativas dentro de la protección social, como son los alojamientos subvencionados o el acceso prioritario a la vivienda social ligado a las rentas mínimas, lo que frena la caída en la miseria total a unos 53 millones de ciudadanos. Pero, respecto al grupo más excluido, hay una tendencia general de los gobiernos de la UE a dimitir de sus responsabilidades de proporcionar viviendas accesibles, privilegiando medidas de urgencia y temporales (albergues, planes contra el frío, etc.). El alojamiento en albergues tiene un alto coste de marginación de las personas que los utilizan como medio de vida habitual y, además, es casi diez veces más costoso que ayudar a la gente a adquirir o conservar su vivienda, como demuestran los estudios realizados en Austria.
¿Qué causas provocan a la persona llegar a vivir en la calle? Son múltiples las causas por las que una persona "elige" vivir en la calle. Existen causas estructurales, provocadas por el propio devenir de la sociedad: falta de vivienda accesible, ausencia de políticas serias de política social y de vivienda, insuficiencia de viviendas sociales, precios de compra y alquiler de vivienda no accesibles, serían alguna de estas causas. Otra de las causas son los cambios económicos que se han producido en los últimos años; el país ha crecido, pero no ha crecido igual el reparto de la riqueza que se ha generado, con lo cual se dan unos extremos en la sociedad: Somos un país próspero, pero que no es capaz de repartir esa prosperidad.
También se han producido cambios demográficos muy fuertes, descenso de la natalidad y envejecimiento de la población. Ello unido a la tendencia a la familia reducida a lo nuclear, con una tendencia a la vida urbana que es muy aislada en sí misma.
Los procesos de exclusión. Nos situamos con este colectivo en el estrato más grave de la exclusión social, una situación que hemos de enfatizar que no es voluntaria, sino sobrevenida e impuesta. Esto es importante remarcar para poder superar la idea de culpabilizar al pobre, al excluido de su situación. Exclamaciones como: "ellos se lo buscan", "no quieren salir de pobres", "vagos", etc. constituyen la salida más fácil que esta sociedad tiene para evitar asumir su responsabilidad en este problema. La pobreza y la exclusión se fraguan en el mismo centro de la dinámica social, es la basura del entramado social; por tanto, los pobres, los excluidos son víctimas involuntarias de las propias dinámicas sociales y económicas.
También es importante destacar que la exclusión social no es un estado, sino un proceso, es un camino que se recorre y que puede comenzar con el desempleo, una ruptura matrimonial o familiar, un acontecimiento puntual grave, etc. Llegar a esta situación de exclusión es, en las condiciones de nuestra actual sociedad, demasiado fácil, pero resulta muy complejo salir de ella. Podemos identificar dos variables esenciales para la entrada en este proceso: la INTEGRACIÓN ECONÓMICA-LABORAL y la existencia de APOYO FAMILIAR Y SOCIAL. Cuando se produce cualquier situación que deteriora gravemente cualquiera de los dos aspectos, la persona se ve inmersa en una ZONA DE VULNERABILIDAD SOCIAL, en la que las carencias económicas, la falta de trabajo y la falta de apoyos de la red familiar y/o social pueden provocar un empeoramiento progresivo de la situación que conduce a la ZONA DE DESAFILIACIÓN, es decir, a la ruptura de los lazos de relación social y a la pérdida de cualquier colchón económico. Es la exclusión social, el pozo donde la angustia y la desesperación no dejan ver ninguna salida. Existe una tercera variable a tener en cuenta: es el sentido vital, el deseo de vivir; este proceso de exclusión va mermando paulatinamente esta vitalidad y conduce hacia una pérdida de estima y de valor de sí mismo que impide que por las propias fuerzas la persona pueda darle la vuelta a ese proceso.
Los itinerarios de inserción. Es preciso plantearse cómo darle la vuelta al proceso de exclusión. El camino es lento, con vueltas al punto de salida, con recaídas, pero hay que desandar lo andado. La primera cuestión a tener en cuenta es la RECUPERACIÓN DEL VÍNCULO SOCIAL pues la persona ha roto todos los vínculos sociales, se ha visto defraudada por todas las redes de apoyo: familia, amigos, sociedad, instituciones; recuperar la confianza en alguien es harto difícil. El inicio de este proceso será poder recuperar ese vínculo dañado, posibilitar que el sujeto confíe en que se le quiere ayudar. Para ello habrá que dejar aparte prejuicios y moralinas, aceptar a la persona tal cual es, por muy poco que nos guste, e iniciar el camino con pocas exigencias. Desde el momento en que la persona empieza a confiar en que es posible salir, la ACOGIDA ha de realizarse en un marco de baja exigencia normativa, centrado en el acompañamiento, en la ayuda en descubrir los caminos que resuelvan sus problemas, andar los caminos necesarios para su RECUPERACIÓN PERSONAL, es preciso que el individuo vaya atendiendo poco a poco a sus problemas para que finalmente consiga la recuperación de su VIDA AUTÓNOMA. Para ello debe ir formándose social y laboralmente y procurándose la inserción laboral, pero ante todo es necesario que la persona vaya sintiéndose capaz, valiosa, digna, y adquiriendo herramientas para su propia autonomía.
Este proceso de inserción sería el ideal, pero hemos de indicar que no todo el mundo podrá llegar hasta el final. Hay personas cuyo deterioro personal y social es tal que los daños sufridos pueden hacer crónica su situación,. Por ello es importante tener en cuenta que también estas personas deberán tener además la atención adecuada, puesto que se trata de ciudadanos que se han visto desposeídos de los mínimos derechos sociales.
Otra característica de este itinerario de inserción es su temporalidad. No se pueden establecer periodos estándar, ya que cada cual necesitará su ritmo y su tiempo distinto. Es necesario establecer caminos personalizados atendiendo a las características y peculiaridades de cada sujeto.
Los Recursos y Servicios necesarios. La realidad en España de los centros que atienden a estas personas ha sido estudiada en un informe elaborado por la Universidad de Comillas que nos desvela el proceso de privatización en la gestión de estos servicios. Sólo un 16% de los recursos son públicos, de los cuales, sólo el 10 % es gestionado directamente por la Administración. El 2% son mixtos y el 82% restante son privados, de ellos el 63% está en manos de entidades religiosas. En este campo, el apoyo financiero que reciben las entidades privadas dependen de subvenciones graciables, precarias e inestables. No son considerados como un servicio público y, por tanto, no se interviene en la norma interna de cada centro, la cual queda a criterio de la dirección de cada establecimiento.
Para el acompañamiento en todo el proceso de inserción antes descrito, deben existir centros y servicios que permitan que estas fases se den posibilitando también servicios de reducción de daños para situaciones ya crónicas. No siempre ni todas las ciudades tienen que cubrir el 100% de los servicios, porque o bien no hay necesidad o sería un derroche de recursos, pero sí hay una serie de fases, por lo menos las primeras, en las que es importantísimo que se cubran. Ahí es donde se están dando experiencias más novedosas. En el periodo que denominamos como toma de contacto, esto supone mantener una cercanía con la persona, creando una relación de confianza y restableciendo el vínculo. A él accederán personas que tienen una ruptura personal interna muy fuerte, por ello la oferta del servicio ha de concretarse con normas internas de muy baja exigencia (Servicios de acogida, trabajo de calle, centros de día, centros de acogida temporal). Después, tras recuperar la persona la confianza en sí misma y hacia el recurso, será el momento en que pueda acceder a servicios que provean su capacitación profesional y laboral (talleres ocupacionales, empresas de inserción), ello acompañado con el apoyo a ir recuperando su vida autónoma (pisos tutelados, trabajo autónomo, etc.).
EL SEMINARIO
El Sábado 25 de Marzo, coordinado por Esperanza Linares, se desarrolló un seminario al que acudieron personas directamente relacionadas con el trabajo con personas "sin hogar" en Murcia: personas "sin hogar", miembros de diversas ONG´s, profesionales de Servicios Sociales de la Administración regional y municipal, etc. El seminario analizó la realidad de este colectivo en nuestra ciudad y nuestra Región. El debate fue muy interesante, destacando el contraste de percepciones que las personas "sin hogar" y las ONG´s tienen de esta realidad, frente a la visión de los profesionales de Servicios Sociales. Finalmente se llegó a puntos de coincidencia de los que se extrajeron algunas conclusiones:
Resumen: Antonio Galindo (Traper@s de Emaús)